T no dudó en atacar cruelmente a las víctimas del catedrático más reincidente difundiendo sus mentiras sobre ellas. Esta periodista usó para esa difusión el gran poder que tenía en un medio público, financiado por la ciudadanía y que debiera estar de parte de las víctimas y no de los acosadores. ¿Por qué? En este primer artículo sobre este tema concreto destapamos una de las causas.

Aquel día volvía a su puesto el mencionado catedrático y así T lograba que pudiera hacerlo parando toda oposición. Esta periodista estaba vinculada con la Decana de la facultad de ese catedrático y creían que solo acallando la oposición al mismo se podría tapar su actuación. Tuvieron el decidido apoyo del Rector que había confesado a la prensa ser amigo del catedrático reincidente.

¿A quienes perjudicó T con su actuación y sigue perjudicando al no haber rectificado todavía, tres años después? Además de a las víctimas y a quienes las apoyaron, ha desprestigiado internacionalmente al medio comunicación público que le da tanto poder. Cada mes que pasa, se extiende más a nivel internacional (incluyendo las mejores universidades del mundo y un número creciente de medios) el conocimiento del caso y la indignación por lo que hizo y por no haber todavía rectificado. También desprestigia internacionalmente a quienes tapan los ataques de T a las víctimas, en lugar de pedir que los rectifique, porque son de su misma opción política (aunque también lo son algunas de sus víctimas) y no se dan cuenta de que así están también desprestigiando a esa opción política.

En un contexto tan permisivo con los acosos, T tiene todavía muchos seguidores. Pero movimientos internacionales como MeToo están sacando a la luz comportamientos incluso de hace muchos años. No tenemos duda de que también acabarán saliendo a la luz en nuestro contexto las complicidades activas y pasivas con estos ataques a las víctimas y eso será señal de que habremos dado un paso importante hacia los medios de comunicación públicos que la ciudadanía se merece, unos medios no sexistas que nunca agredan a las víctimas ni protejan a los agresores.

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