En una de las principales reuniones con el jefe de informativos de una de las radios más activas en los ataques al único centro de investigación que había roto el silencio contra la violencia de género en las universidades dijo que, ante cualquier afirmación, lo que mueve a las personas es el escándalo mediático, el convertir una noticia o un hecho en un escándalo mediático y que al ser aquello lo que vendía el producto radiofónico, así habían actuado. Como justificación y legitimación de su apuesta hacia la propagación del escándalo mostró un libro a las dos representantes del centro de investigación que estaban en la reunión; en él se hablaba del escándalo como hito periodístico. Ante dichas afirmaciones, las investigadoras continuaron la reunión evidenciando su desprecio a la falta de rigor periodístico, demostrando cómo el basar los informativos en escándalos mediáticos tiene consecuencias gravísimas para las víctimas y su entorno. Aun así, el director de informativos  de uno de los medios más escuchados en Catalunya continuó defendiendo su apuesta hacia el escándalo y no al rigor ético y periodístico.

The Yellow Press, ilustración de 1910 que muestra a William Randolph Hearst como un bufón que arroja prensa amarilla

La reunión finalizó con un montón de promesas del director y el compromiso de dar voz a las víctimas con el fin de restablecer en lo que se pudiera los daños que reconocía haberles causado con su busca del escándalo. Nunca cumplió esas promesas y compromisos.

Si los medios de comunicación con más impacto a nivel internacional dedicaran sus informativos a publicar y difundir escándalos sin ningún tipo de rigor, las luchas por los derechos civiles, contra la violencia de género y los avances científicos no habrían llegado nunca donde han llegado hasta ahora, gracias a periodistas y medios profesionales que sí han dado voz a las víctimas en lugar de atacarlas.

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