Extrañó que, nada más ascender de Rector a un alto cargo político, los proyectos de investigación dependientes del Instituto de la Mujer dejaran de formar parte del Plan Nacional I+D, después de haber pertenecido a él durante 12 años. Sin embargo, ese hecho no extrañó a las víctimas de violencia de género de la Universidad de la que acababa de ser Rector. No solo difundía las mentiras de quienes las atacaban sin piedad, sino que respondía a sus demandas de unidades de igualdad diciendo que nunca las habría en las universidades españolas porque no había violencia de género en ellas y, si hubiera algún caso, ya bastaba con sus servicios jurídicos.

Poco tardó el trabajo investigador de las víctimas y la solidaridad internacional en lograr desmentir esa afirmación. La aprobación por el parlamento español de la obligatoriedad de crear esas unidades de igualdad llevó a ese mismo Rector a ser uno de los primeros en nombrar una responsable. Explicó la elección de la profesora diciendo que como no era feminista podía representar a las mujeres.

Cuando perdió su cargo político quiso volver a ser Rector de su universidad para lo cual necesitaba neutralizar las críticas y fue uno de los agentes activos del mayor ataque que han sufrido las víctimas de violencia de género de las universidades españolas. No supo calcular que, en su ausencia, el movimiento y la solidaridad internacional habían progresado tanto que los ataques a las víctimas eran como un boomerang contra quienes los lanzaban. En su desesperación por no aceptar perder un puesto que consideraba suyo, entre otras cosas, se dedicó a enseñar a personas influyentes escritos con todas las mentiras que el lobby de los acosadores decía sobre las víctimas y sobre quienes las apoyaban.

Las víctimas y quienes las defienden tienen que felicitarse de que él no lograra su objetivo porque su vuelta hubiera significado un intento de retroceso al peor pasado. Pero principalmente deben felicitarse de que, aunque hubiera vuelto, no podría ya tener el mismo tipo de actuaciones porque la fuerza del movimiento contra los acosos sexuales es hoy ya mucho más fuerte en las universidades españolas y también a nivel internacional en diferentes tipos de instituciones.

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