Los textos medievales eran generalmente manuscritos iluminados con el fin de ser utilizados por los miembros de instituciones religiosas y la nobleza. Esos textos se caracterizaban por estar acompañados de miniaturas y letras capitales dibujadas con una gran carga de belleza y simbolismo, generalmente con pinturas y pigmentos considerados lujosos como las pequeñas láminas de oro.

Hasta el momento, la escritura de manuscritos se ha asociado generalmente a los hombres, monjes que se dedicaban a ello en los monasterios, desarrollando una gran tarea de preservación de los textos religiosos. Sin embargo, un estudio publicado el pasado 9 de enero en la revista científica Science Advances apunta que también había mujeres participando en la elaboración de los textos. Las aportaciones científicas se remiten al descubrimiento de un pigmento de lapislázuli (mineral de color azul intenso, de origen afgano) en la placa dental de una mujer de la edad media, la cual según sus hipótesis podría tratarse de la primera escribana y pintora de manuscritos iluminados de la historia.

El estudio abre una puerta a la hipótesis sobre la historia de una mujer religiosa que vivió en la Alemania rural hace más de 900 años. La mandíbula de la mujer ha sido encontrada y analizada por los investigadores del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana (Alemania) y la Universidad de York (Reino Unido), entre otros. El hallazgo fue en 2014 en un antiguo cementerio de un monasterio medieval de mujeres religiosas localizado en Dalheim, Alemania central. Se estima que esta comunidad de mujeres se formó durante el siglo X y albergó a unas 14 mujeres. En el cementerio solo pudieron encontrar un peine roto y los restos del cementerio, el resto fue destruido a causa de un incendio. El equipo de investigadoras de ambos institutos afirma que posiblemente la mujer estuviera pintando con el pigmento y lamiendo el extremo del pincel mientras pintaba. Lo que abre la puerta histórica a analizar el arte religioso y la escritura de las mujeres, teniendo en cuenta que el lapislázuli era el color más refinado que junto al oro y la plata lo utilizaban únicamente los más expertos.

El lapislázuli llegaba a Alemania desde Afganistán, en una red de comercio internacional de productos lujosos. Por ello, la llegada del pigmento en manos de esa mujer significa su participación en esta red de comercio. El hallazgo es un paso histórico y científico de relevancia internacional, abriendo un nuevo horizonte de estudio sobre la participación directa de las mujeres en la escritura y el arte en la Edad Media.    

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