A pesar de las múltiples intervenciones que se han llevado a cabo para fomentar el respeto y la inclusión social de las personas mayores, no existe aún una revisión sistemática que haya recopilado qué dice la evidencia científica sobre el impacto de este tipo de intervenciones en la salud. Según estimaciones de la OMS, comentadas por los investigadores S Ronzi, L Orton, D Pope, N Valtorta y Bruce de la Universidad de Liverpool y Newcastle en Reino Unido, en 2030 una de cada seis personas tendrá 60 o más años. Esta investigación se publicó en la revista “Systematic Review”: What is the impact on health and wellbeing of interventions that foster respect and social inclusion in community residing older adults? A systematic review of quantitative and qualitative studies [¿Cuál es el impacto en la salud y el bienestar de intervenciones que fomentan respeto e inclusión social de personas mayores que residen en entornos comunitarios? Una revisión sistemática de estudios cuantitativos y cualitativos].

En los últimos años se ha observado que un número creciente de personas mayores vive en entornos urbanos. Aumenta también su proporción en países de ingresos bajos y medianos. Este cambio poblacional supone un reto para nuestras sociedades, sus sistemas de salud y bienestar. De aquí que estos investigadores se pregunten cuál es el estado de la cuestión sobre el impacto real de intervenciones llevadas a cabo con población mayor en su salud: ¿Sobre qué intervenciones o acciones tenemos evidencia científica que muestre el beneficio en la salud y sobre cuáles aún no?

Esta investigación ha revisado de forma sistemática estudios publicados entre 1990 y 2015, recogidos en siete bases bibliográficas diferentes, incluyendo “literatura gris” (literatura e informes elaborados por organismos públicos u otros), así como consultas a expertos. Los estudios analizados e incluidos en la revisión eran aquellos que evaluaban tanto el impacto (estudios de corte cuantitativos) como el impacto percibido (estudios de corte cualitativo) en la salud física y mental, de intervenciones orientadas a promover el respeto y la inclusión social de personas mayores residentes en entornos comunitarios, en países de ingresos altos o ingresos medianos.

De los más de 27.000 estudios identificados, sólo 40 de ellos se ceñían a los criterios metodológicos definidos por los autores y fueron incluidos en el estudio y posteriormente analizados. Estos estudios incluían intervenciones de diferente índole. Entre ellas, (1) intervenciones limitadas a la supervisión; (2) intervenciones que contemplaban actividades múltiples, entre ellas proyectos para fomentar que las personas mayores participasen en actividades organizadas en la ciudad, ejercicio creativo y/o actividades culturales en las que las personas mayores eran guiadas por compañeros/as, reuniones regulares en hogares de vecinos e interacciones con otras personas, clubes sociales y programas de ejercicios, reuniones regulares para discutir temas de información de salud, incluidos los sentimientos y la salud, entre otras; (3) intervenciones intergeneracionales tales como acciones basadas en la pedagogía de aprendizaje-servicio, iniciativas escolares, iniciativas de lectura, intervenciones relacionadas con la lectura y el dibujo; (4) actividades de baile; (5) música y canto; (6) arte y cultura, y (7) actividades relacionadas con la tecnología, la informática y la comunicación (TIC).

De todas estas intervenciones estudiadas en las investigaciones científicas incluidas en la revisión sistemática de Ronzi y colegas, las que mostraban tener un impacto positivo en la salud de las personas mayores eran las de música y canto, las actividades intergeneracionales, las intervenciones de arte y cultura, y las actividades múltiples. En este sentido, la participación en este tipo de actividades correlacionaba con un impacto positivo en los siguientes aspectos de salud: depresión, bienestar, salud subjetiva, calidad de vida, estrés percibido y salud mental, y salud física.

Por el contrario, no se encontró evidencia suficiente sobre el impacto en la salud física y mental de intervenciones limitadas a la supervisión, el baile o aquellas que incluyen actividades de TIC. Por su parte, las investigaciones de corte cualitativo detallaban algunos factores mediadores (por ejemplo, una mejor autoestima, menos aislamiento social) que pueden conducir a mejoras en los resultados de salud. En la mayoría de las iniciativas intergeneracionales las personas mayores participaban regularmente ayudando a personas jóvenes en actividades escolares y leyendo libros para niños en edad preescolar. Esto sugiere que la interacción regular entre personas mayores y jóvenes puede llevar a las primeras a sentirse más valoradas, incluidas y apreciadas. En consecuencia, las personas mayores que participaban en este tipo de actividades reportaban una mejor salud subjetiva.

De este tipo de revisiones sistemáticas se deriva evidencia sobre qué intervenciones pueden favorecer un impacto positivo en la salud mental y física de las personas mayores. A su vez, esta evidencia científica es de relevancia ya que puede informar acciones y políticas públicas orientadas a crear entornos más inclusivos y saludables que conduzcan a un envejecimiento activo y a la mejora de la calidad de vida de las personas mayores.

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