La insuficiente actividad física es el principal factor de riesgo de enfermedades no transmisibles y es el cuarto factor de riesgo de mortalidad global, además de presentar otras consecuencias cognitivas negativas ya destacadas en un artículo anterior. La actividad física tiene un efecto enorme en la calidad de vida pues disminuye el riesgo de enfermedad cardiovascular, hipertensión, diabetes y cáncer de mama y colon. A nivel de salud mental, contribuye al retraso de la aparición de la demencia. Y, finalmente, ayuda a mantener un peso saludable.

El estudio realizado por la OMS ha mostrado que la inactividad física se ha mantenido estable entre 2001 y 2016, lo que significa que se preve que no habrá la reducción de la inactividad física en un 10% que se había establecido como objetivo por parte de los estados miembros de la OMS. El estudio realizado, que incluyó datos de casi dos millones de participantes, mostró que a nivel mundial no se está realizando suficiente actividad física. Esto pone a más de mil cuatrocientos millones de personas adultas en riesgo de desarrollar enfermedades vinculadas al sedentarismo.

La situación es más problemática en países con un mayor nivel económico, debido especialmente a ocupaciones más sedentarias y con medios de transporte motorizados. El sedentarismo no solo es elevado en el momento presente, sino que además está en aumento. El porcentaje de inactividad en países de rentas altas ha pasado del 31,6% al 36,8% mientras que en el caso de los países de rentas bajas se mantuvo en un 16%.

Si nos centramos en el caso de las mujeres, la situación es más problemática ya que existe una menor actividad física en las mujeres que en los hombres, tanto en lo que se refiere a actividades laborales como de tiempo libre y al nivel de intensidad. Como uno de los factores que explica esta menor actividad se identifican las normas y roles tradicionales, así como la falta de apoyo social. Por ello se insta a eliminar estas barreras y promover un cambio social y de comportamiento que contribuya a que las niñas, adolescentes y mujeres aumenten sus niveles de actividad física.

En esta dirección, la OMS ha presentado un “Plan de acción mundial sobre la actividad física 2018-2019: Más personas activas para un mundo más sano”, con el que se pretende reducir la inactividad física en adultos y adolescentes en un 15% para 2030 con un conjunto de 20 medidas normativas.

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