El lupus eritematoso sistémico (LES) es una enfermedad de nuestro sistema inmunitario -el que se encarga de nuestras defensas- que implica que nuestras defensas perciben, por error, que nuestros tejidos sanos son malos y nos deben proteger, atacándolos. Según la Federación Americana del Lupus, cinco millones de personas se ven afectadas por esta enfermedad a nivel mundial, 90% de las cuales son mujeres. Los síntomas pueden darse desde los 15 hasta los 44 años, causando daños en la piel, en las articulaciones y los riñones, entre otros órganos. A nivel estatal, la Federación Española de Lupus también ofrece información útil sobre qué actividades se realizan para mejorar, en la medida de lo posible, a los y las pacientes e informar sobre novedades en este área.

En el artículo Therapeutic potential of allogeneic mesenchymal stromal cells transplantation for lupus nephritis [Potencial terapéutico del trasplante alogénico de células del estroma mesenquimatoso para la nefritis lúpica] se presentan resultados esperanzadores sobre un ensayo que realizado con un tratamiento con células madre mesenquimales (MSC) de donantes sanos.

El equipo lo formaban investigadores e investigadoras de la Unidad de Enfermedades Autoinmunes del Departamento de Medicina Interna de la Clínica del Hospital Universitario de Valladolid junto con personal del Instituto de Biología Molecular y Genética (IBGM) de la Universidad de Valladolid y del Consejo Nacional de España. Como parte del ensayo, tres pacientes que no veían mejoras con el tratamiento que recibían para la afectación en los riñones, se sometieron durante 9 meses a una transferencia intravenosa de 90 millones de células durante los brotes de enfermedad de actividad alta y muy alta.

Para ver si el ensayo funcionaba, se miró el nivel de proteínas en la orina (proteinuria). Normalmente, los riñones sanos filtran la sangre para retener el exceso de líquidos y otros residuos y dejan que las proteínas circulen por la sangre, registrando un nivel muy bajo de proteinuria. Cuando se detecta un nivel alto de proteínas en la orina, es señal de que los riñones ya no funcionan bien. En el caso de los pacientes tratados, sus niveles de proteinuria mejoraron rápidamente, y se mantuvieron en niveles normales durante todo el periodo del estudio. Además, la dosis de medicación que recibían estos tres pacientes se pudo reducir entre un 50 y un 90%.

Aunque la enfermedad se podría asociar a causas ambientales o genéticas, aun se desconoce cuáles son los factores de su origen. Sin embargo, resultados esperanzadores como los de este ensayo podrían iniciar nuevas investigaciones que en un futuro descubran un tratamiento.

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