Los contenidos curriculares que trabajamos en clase nunca son ideológicamente neutros. Como defiende la pedagogía crítica, producen efectos individuales y sociales desde las visiones del mundo y los valores que el estudiantado aborda. Henry Giroux (1996) en relación con los textos que trabajamos, subraya que hay que leerlos no tan sólo desde lo que dicen, sino también desde lo que omiten, excluyen o niegan.

A principios de diciembre de 2018, el diseño curricular del nuevo plan de estudios de la educación primaria y secundaria de Noruega, elaborado por el gobierno conservador de Erna Solberg, provocó una gran polémica porque en los contenidos de las ciencias sociales se pretendía eliminar que en la II Guerra Mundial, cuando Alemania invadió el país, se gobernó mediante una administración militar y un gobierno noruego afín y, también, se pretendía eliminar el Holocausto. En este periodo histórico de ocupación nazi, fue el presidente del país Vidkun Quisling, quién ordenó el registro de 2100 de sus ciudadanos y ciudadanas como judíos-as. Más de un tercio fueron deportados-as  a campos de exterminio. Actualmente la palabra quisling en Noruega es sinónimo de traidor. En 1998 Noruega reconoció la participación del Estado en el Holocausto e indemnizó a ciudadanos-as noruegos y a organizaciones judías en compensación por las propiedades que les habían sido incautadas. Pero no será hasta enero de 2012 cuando por primera vez en la historia, en el Día Internacional del Holocausto, Noruega pida perdón por su complicidad en la deportación de personas judías en el periodo de la ocupación nazi.

Este tema tiene mucha importancia en las políticas educativas. En 2015, la UNESCO publicó “La situación internacional de la enseñanza del holocausto. Panorama mundial en los manuales escolares y los planes de estudio”, resultado de la investigación llevada a cabo en 2013 y 2014 por Peter Carrier, Eckhardt Fuchs y Torben Messinger del Instituto Georg Eckert de Investigación Internacional sobre Manuales Escolares, en colaboración con la UNESCO. El análisis de los planes de estudio analizó 272 planes de estudio de 135 países que estaban vigentes en el momento en el que se realizó la investigación. El análisis de manuales escolares se centró en los publicados en 26 países desde el año 2000, dirigidos a estudiantado entre 14 y 18 años. España estaba incluida. Las representaciones conceptuales y las narrativas que se visibilizan en la investigación, por ejemplo, muestran la necesidad de no dejar de abordar la concienciación y defensa de los Derechos Humanos.

Trabajar el tema es lo que hizo la profesora Anne Anglès. Una profesora de instituto francesa  cuyo trabajo con su estudiantado acerca de lo que significa ser adolescente en un campo de concentración, en un contexto escolar con diversidad cultural y religiosa, fue la base de la película “La profesora de historia” (Marie-Castille Mention Schaar, 2014). La idea llegó a la directora de manos de un joven francés musulmán, Leon Blum, que había participado como alumno en la experiencia, y contó con el testimonio de Leon Zyguel, deportado a un campo de exterminio cuando era adolescente. Sobre esta película también se han elaborado materiales de trabajo.

En octubre de 2014, en Denver, la mitad del estudiantado del instituto Columbine High del condado de Jefferson llevó a cabo una protesta estudiantil saliendo a la calle para rebelarse contra la propuesta del Consejo Escolar del Condado de Jefferson de modificar el temario de historia, en la que se pretendía eliminar las referencias a episodios de desobediencia civil y falta de respeto a las instituciones, lo que implicaba censurar temas como la esclavitud o el movimiento por los derechos civiles.

Una de las primeras medidas del gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil ha sido la censura al profesorado que se identifica con la ideología de Paulo Freire con el propósito de “desideologizar” la educación eliminando “ideologías nocivas” que se identifican con las de la izquierda. Freire defendía que hay que enseñar a pensar, no a obedecer. El nombramiento por parte de Bolsonaro del ultraconservador Ricardo Vélez como ministro de educación no es gratuito. El ministro defiende la recuperación de los valores tradicionales relativos a la preservación de la vida, de la familia, de la religión, de la ciudadanía, del patriotismo. Considera, además, una locura la propuesta de educar en género.

Es un discurso sobre la educación y sobre el modelo de sociedad al que va unida que comienza a escucharse también en un partido político de ultraderecha en nuestro estado. En la página de Vox en la que aparece su propuesta educativa puede leerse “Mejorar los planes de estudio que se encuentran deformados”. Puesto que defienden medidas racistas y antimigratorias, las consecuencias son claras en los contenidos curriculares ligados a los derechos humanos  si pensamos en su propuesta de crear un muro en Ceuta y Melilla. Recordemos, además, que plantean suprimir la Ley contra la Violencia de género y pensemos en todas las consecuencias ligadas a la coeducación en la política educativa.

Martha Nussbaum (2010) nos recuerda que la educación humanística es necesaria para mantener viva la democracia y Michael Appel y J. A.Beane (1997) nos recuerdan que en el sistema educativo la democracia no se produce por casualidad , que es necesario crear un currículo que aporte experiencias democráticas al estudiantado para que puedan tener efectos que duren en su vida y transformen las desigualdades sociales. Es importante no olvidarlo.

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