Con el movimiento #MeToo, la palabra ‘consentimiento’ ha pasado a formar parte del debate al surgir la necesidad de abrir espacios de diálogo en torno a la idea de respetar los límites que las personas establecen para sentirse seguras, preservar su dignidad y construir relaciones saludables en todas las edades. Un aprendizaje que se construye desde las primeras edades.

Los diálogos entre las personas jóvenes y adolescentes sobre el consentimiento implican casi siempre hablar de sexualidad, pero con los niños y las niñas las conversaciones son diferentes. Hablar con los y las más pequeñas de consentimiento les puede ayudar a mantenerse a salvo de personas acosadoras, pero también se tratan temas cotidianos como si quieren o no ser abrazadas por un compañero de clase, jugar a un juego o no. Así se sientan las bases de un entendimiento en futuras relaciones sexuales y se garantiza un entorno educativo seguro y del mayor respeto posible ante el ‘consentimiento’ desde el presente.

La Facultad de Educación de la Universidad de Harvard ha sabido recoger esta inquietud y, tras hablar con personas educadoras, formadoras e investigadoras de distintos estados norteamericanos, está proporcionando, a través de su publicación digital sobre investigación educativa Usable Knowledge, numerosas estrategias y recursos para hablar de consentimiento con estudiantes de todas las etapas educativas, desde educación infantil hasta la universidad.

En las edades de educación infantil y primaria, las estrategias que se proponen tienen que ver con el desarrollo de diálogos y posicionamientos compartidos firmes y claros. Desde las primeras edades se conoce la importancia del trabajo y el entendimiento de los sentimientos, los propios y los de los demás, una idea que va muy estrechamente relacionada, y es muy importante relacionar, con el consentimiento y el respeto; enseñar a las niñas y los niños que es bueno expresar tristeza, enfado o malestar para defenderse, y reconocer también estas emociones cuando ellos y ellas mismas las provocan en otras personas y no tratar de disuadirlos o distraerlos inmediatamente sin la búsqueda del entendimiento; darles autonomía para tomar decisiones apropiadas a su edad; analizar en profundidad el significado de la palabra ‘consentimiento’ respetando y dialogando sobre lo que los niños y las niñas ya conocen, prestando atención al tono de voz y los matices con que se responde a determinadas preguntas. Los chicos y las chicas pueden aprender desde edades muy tempranas su derecho a establecer límites.

Con los y las jóvenes y adolescentes, hay que tener en cuenta que se encuentran en una etapa muy confusa en la que reciben información de fuentes poco fiables sobre sexo y relaciones. Es importante que sepan que pueden preguntar a personas adultas en quienes confían. Aunque piensen que no les entienden, tienen que saber que su obligación es mantenerles a salvo y asegurar que ante cualquier relación o interacción con otra persona joven o adulta que les incomode, tienen una persona accesible siempre a quien contárselo. Se les puede enseñar también a identificar qué es el acoso sexual, que nadie te puede tocar sin tu permiso y que tú tienes que respetar también los límites que te marquen. Y que cuando se inicien en las relaciones amorosas, tengan muy claro que siempre han de ponerse de acuerdo, ya sea para darse la mano, besarse, o simplemente hablar. En estas edades resulta muy útil también hablar y pensar en profundidad sobre la ética de los encuentros sexuales y el consumo de alcohol. Cuando se reflexiona en un espacio seguro como el aula desde el intercambio de diálogo y consensos con sus iguales, se van generando discursos que les ayudarán a tomar decisiones en la vida real, pero también relaciones que les pueden proteger.

En todas las etapas educativas estas estrategias no se trabajan de forma aislada, sino que han de tener continuidad para ser efectivas, proporcionando un clima que muestre a las chicas y chicos que les envolvemos en un entorno de oportunidades para que siempre puedan expresar preocupaciones sobre las que dar o no consentimiento. Resulta muy beneficioso practicar respuestas para hacer respetar sus límites, de manera que puedan contar con recursos internos cuando los necesiten. Este clima se puede asegurar desde las instituciones educativas, desde la familia y desde la comunidad, abriendo los máximos espacios de diálogo posibles para ayudar a la infancia a ser personas críticas, seguras y que eligen con mayor grado de consciencia aquellas relaciones que desean ir tejiendo a su alrededor.

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