A P. le dieron una beca FPU por su brillante expediente académico y por el currículum de su directora y el de su grupo de investigación. Pero su departamento estaba dominado por personas acosadoras y, saltándose todas las normas y todo criterio moral, lograron que perdiera esa beca. Su directora y su grupo eran quienes habían roto el silencio sobre la violencia de género en la universidad y la propia estudiante participaba activamente en la plataforma contra las violencias de género. Una de las frases que dijeron a la estudiante fue: “El problema no eres tú, el problema es con quién has decidido juntarte”. Reconocían que era una de las estudiantes más brillantes que habían tenido, pero no querían tener a una persona comprometida en la lucha contra la violencia machista en su departamento que, siendo de una universidad denominada pública, administraban como si se tratase de una propiedad privada de los acosadores.

Animados por haber conseguido echarla, el departamento se conjuró para que nunca nadie de ese grupo pudiera conseguir un contrato. La solidaridad internacional logró que la segunda beca que obtuvo debido a los mismos méritos (una FI, similar a la anterior FPU) no pudieran ya quitársela. No obstante, terminado el periodo de la beca, la vetaron para lograr otro contrato y tuvo que irse a otra universidad. Unidos por sus inconfesables intereses y dinámicas, les era fácil hacer en los tribunales de los concursos valoraciones que excluyeran a quienes tenían más méritos internacionales.

El ejercicio de la violencia en el contexto universitario no siempre se lleva de manera directa y clara. En ocasiones los acosadores no pueden hacerlo así por distintos motivos –aunque ninguno de ellos les excusa-. En este caso, con la voluntad de continuar perpetuando la ley del silencio y mostrar un castigo ejemplar que ahuyentara posibles apoyos, decidieron ir a por los más débiles, esto es hacia los becarios. Y para ello utilizar a otras personas como brazo ejecutor.

La profesora protagonista de este relato siempre había estado implicada en diferentes luchas por los derechos de todas las mujeres. Para ella, romper el silencio en las universidades y lograr que se implementasen mecanismos para frenar a los acosadores era prioritario. Su postura era pública, ello ya le había ocasionado múltiples ataques pero su situación laboral impedía a los acosadores y a sus cómplices poder expulsarla de la universidad. Así que decidieron dirigir sus acciones contra aquellos y aquellas más débiles, y sobre quienes sí tenían poder para dañar directamente: sus becarios y estudiantes que colaboraban con ella.

La cobardía de los acosadores les llevó a intentar actuar desde la sombra, haciendo de brazo ejecutor a otras personas que se dejaron manipular. Ello tuvo como consecuencia que una estudiante que había sido seleccionada para la obtención de una beca predoctoral de cuatro años –vinculada a un proyecto de investigación dirigido por la profesora antes mencionada- perdiese dicha beca. Así, de manera despótica, a través del ataque directo a una estudiante se lograba atacar también a la profesora. En dos ocasiones, en reuniones públicas, el acosador se jactó de haber sido él la persona que orquestó ese plan. En palabras de la profesora a la salida de una de esas reuniones: “No sé qué ha sido más duro, si el ataque en sí, o ver cómo el resto de personas miran hacia otro lado pensando que así estarán a salvo”.

La incansable lucha de esta profesora, con el apoyo de otros compañeros y compañeras, hizo que posteriormente esa estudiante obtuviese otra beca, así como un compromiso por escrito, por parte de la universidad, en el que se explicitaba que nunca más se permitiría que otras estudiantes y estudiantes pudiesen pasar por el mismo proceso.

Su silencio no ha librado a algunas de las personas que miraron hacia otro lado de recibir ataques. Sólo la completa sumisión les hubiese librado. Quienes se dejaron manipular y posteriormente han sido conscientes, nada logra reparar los daños concretos del pasado. Pero su valentía a la hora de reconocerlo e incluso posicionarse está sumando esfuerzos en hacer de nuestras universidades espacios más seguros para las futuras generaciones.

Tags:
Secciones: _noticias portada

Si quieres, puedes escribir tu aportación