Broniatowski y colegas publicaron este año en la revista American Journal of Public Health un artículo que se convirtió en uno de los 100 de 2018 con un índice Altmetrics más elevado (un indicador que mide el impacto de un artículo científico en redes sociales como Mendeley, Twitter, Facebook, Wikipedia, entre otras, lo que indica las investigaciones sobre las cuales se debate más, son más difundidas y pueden generar impacto). La investigación “Weaponized Health Communication: Twitter Bots and Russian Trolls Amplify the Vaccine Debate” [podríamos traducirlo en algo así como, Comunicación sobre salud usada como arma: los bots de Twitter y los trolls rusos amplifican el debate sobre las vacunas], realizada en Estados Unidos, aborda uno de los temas que desgraciadamente ha sido también noticia en España: el debate en torno a la eficacia de las vacunas, una cuestión sobre la cual existe un amplio consenso en la comunidad científica internacional.

En esta investigación, Broniatowski y colegas estudiaron cómo se utilizan las redes sociales y cómo operan los bots (programas informáticos a través de los cuales se efectúan automáticamente tareas repetitivas a través de Internet) y los troles (personas que bajo una identidad falsa promueven información divergente y/o provocadora en internet), en la promoción de contenido sobre las vacunas. Comentan los autores que los y las adversarias de las vacunas tienen una gran presencia en las redes. Más del 50% de los tuits sobre vacunas difunden contenidos con creencias antivacunas, lo que tiene un impacto muy negativo en el público general no especialista, ya que da entender que no existe consenso científico en relación con los beneficios de la vacunación.

A través del análisis de 1.793.690 tweets recopilados entre 2014 y 2017, los expertos midieron el impacto de los bots y los troles en Twitter, tanto en amplificar mensajes antivacunas, como en promover posturas distantes entre sí -polarizadas. Los autores complementaron este análisis mediante un estudio cualitativo del hashtag #VaccinateUS, un hashtag que aglutinó el debate sobre las vacunas en Estados Unidos y a través del cual se daba a entender que el tema de las vacunas era un problema político. Los tuits bajo el hashtag #VaccinateUS se identificaron de manera única con cuentas de troles rusos vinculados a la Agencia de Investigación de Internet, una empresa con apoyo del gobierno ruso especializada en influenciar acciones a través de las redes sociales. De aquí que estos investigadores expliquen que las  comunicaciones sobre salud se han vuelto una poderosa arma política, ya que bots y troles que han sido creados en Rusia han reavivado la desinformación y las fake news en torno al tema de las vacunas en Estados Unidos.

Los resultados sugieren que los bots y troles de Twitter tienen un impacto significativo en las comunicaciones online en relación con la vacunación. Según explican, las cuentas trol y bots de Twitter publican, en proporción, más contenido sobre la vacunación de lo que lo hace un usuario medio, utilizando además estrategias muy elaboradas que confunden al público y siembran los rumores. Por ejemplo, el contenido que proviene de estas fuentes presta igual atención a argumentos a favor como en contra de las vacunas, lo cual es consistente con la estrategia de promover el desacuerdo sobre temas controvertidos, como es el que aquí se aborda. El equipo de Broniatowski identificó que ésta era precisamente la estrategia que utilizan las cuentas trol rusas analizadas.

Los resultados muestran también que los distribuidores comerciales y de malware (es decir, los software diseñados específicamente para interrumpir, dañar u obtener acceso autorizado a un sistema informático), publican mensajes antivacunas en un 75% más de lo que lo hace un usuario medio de Twitter que no utiliza bots. Esto sugiere que los detractores de las vacunas pueden, si quieren, difundir mensajes falsos utilizando redes bot que son diseñadas básicamente para la comercialización.

En relación con las cuentas cuya identidad no puede ser identificada, comentan los expertos que muchas de las cuentas de Twitter analizadas no pudieron identificarse ni como bots ni como humanos. Asimismo, este tipo de cuentas, que en conjunto constituyen el 93% de la muestra analizada, tendían a tuitear contenido con mensajes antivacunas en mayor medida que las cuentas que no eran bots. De aquí que se sospeche que la procedencia de este tipo de tuits no acaba de estar clara pues estas cuentas pueden poseer una mayor proporción de troles o cyborgs, cuentas controladas por usuarios humanos que en ocasiones son tomados por bots o exhiben comportamientos maliciosos o similares a los bots.

El impacto que esto tiene en la salud pública es muy grande. Si bien explican los expertos que en Estados Unidos hay consenso sobre la eficacia de las vacunas en la población en general, las cuentas trol y los bots están erosionado esta confianza, alimentando discusiones que se basan en pseudociencia. Con todo, Broniatowski y colegas sostienen que, más allá de intentar evitar que los bots difundan mensajes en las redes sociales, los profesionales de la salud pública deben centrarse en combatir este tipo de mensajes sin alimentar a los troles.  

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