Presentación de la Plataforma de mujeres policías y militares en el Ayuntamiento de Murcia

El pasado 8 de octubre se dio a conocer la primera plataforma de mujeres policías y militares para su visibilización y conseguir la igualdad real, formada por la Federación de Servicios a la Ciudadanía (FSC) de CCOO, el Sindicato Unificado de Policías (SUP), la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) y la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME).

Esta organización nace con el propósito de trabajar por la mejora de las condiciones laborales, reducir la brecha entre hombres y mujeres en cuanto a la presencia en puestos de responsabilidad y participación de los órganos de decisión y, también, intensificar la lucha contra la violencia de género que, tanto en su ámbito laboral como fuera de él, sufren a diario las mujeres.

En un comunicado que lanzaba a través de varias entidades, medios y redes sociales, la plataforma manifiesta considerar la violencia contra las mujeres una vulneración de los derechos humanos y libertades fundamentales y muestra su preocupación por el hecho de que muchas de las compañeras que trabajan en los cuerpos de la policía o son militares la sufran a diario. Tal y como recoge europapress, en la rueda de prensa, Alicia Sánchez secretaria de la AUGC, afirma que el 77% de los casos de acoso “están archivados” y en el comunicado se expresa:

“Si, las mujeres policías y militares en nuestro país y en todo el mundo, podemos ser víctimas de la violencia machista y nos preguntamos: a nosotras, ¿quién nos protege?”

Las mujeres que forman parte de los cuerpos de la policía, la guardia civil o son militares, pueden haber vivido, al igual que otras, procesos de socialización en los que la construcción del deseo vincula atracción con violencia, a partir de los modelos de atractivo que se potencian desde los medios de comunicación o audiovisuales; a través de la música, el cine, las redes sociales, etc y de cuya influencia resulta complicado huir si no nos rodeamos de relaciones y contextos críticos y libres que, en este sentido, fomenten referentes alternativos que unan bondad y deseo. Por tanto, habrá mujeres policía, guardias civiles o militares, en un momento dado, que aunque acudan, intervengan u ofrezcan protección, a otras mujeres víctimas de violencia de género, también, puedan tener predisposición a las relaciones tóxicas y violentas.

Por otra parte, estos entornos no están exentos de acoso sexual y violencia. Por ello, reclaman mayor compromiso y posicionamiento por parte de sus compañeros y compañeras para que adopten una actitud “bystander intervention” cuando presencien o sospechen tener cerca algún caso de este tipo, además de la puesta en marcha de actuaciones y políticas de sensibilización dirigidas a aumentar esta concienciación entre las y los trabajadores y el reconocimiento y visibilización de la problemática con el fin de conseguir mayor cobertura social, jurídica y laboral.

Reconocer que también a ellas les ocurre y reivindicar la solidaridad activa del entorno laboral así como el apoyo institucional, de forma asociada y organizada, supone un paso muy importante en la ruptura de esa ley del silencio que mantiene los casos “archivados” en estos contextos y la lucha contra todo tipo de violencia hacia las mujeres.

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