Una reciente investigación Gender disparities in colloquium speakers at top universities [Disparidades de género en ponentes de coloquios en las mejores universidades] sobre la desigualdad de género en el ámbito académico apunta a que las mujeres científicas se encuentran infrarrepresentadas en las conferencias impartidas en las principales universidades de Estados Unidos, al menos en las seis disciplinas analizadas: bioingeniería, biología, ciencias políticas, historia, psicología y sociología. Los datos concluyen que existe una diferencia sustancial de más del doble de ponencias impartidas por hombres (69%, n = 2,519) que por mujeres (31%, n = 1,133), pese a que las mujeres “no rechazan las invitaciones a hablar a un ritmo mayor ni cuestionan la importancia de impartir conferencias más que los hombres”.

Además del sesgo de género en el número de conferencias impartidas, otra de las variables que examina el estudio es la composición de los comités de selección de ponentes. Los datos muestran que en los órganos de selección en los que se asegura la presencia femenina en la presidencia o en la composición del comité, se producen mayores cotas de igualdad de género con un 49% de mujeres seleccionadas como ponentes; mientras que los comités de selección con presidencia y composición mayoritariamente masculina aportan cifras claramente desequilibradas en cuanto al género, con tan solo un 30% de mujeres ponentes.

Según la investigación, las mujeres se encuentran en clara desventaja, porque los resultados de impartir más ponencias en los campus universitarios no se traducen solo en una mayor visibilidad y mejor reputación profesional del investigador, sino que a su vez aumentan las probabilidades de conseguir colaboraciones con otros grupos de investigación, becas en instituciones de prestigio científico y, en muchas ocasiones, también ofertas de empleo con mayor salario y mayores posibilidades de promocionar más rápidamente en el ámbito académico.

El próximo 10 de diciembre se entregarán los Premios Nobel 2018 en una doble ceremonia en el Konserthus de Estocolmo y en el Ayuntamiento de Oslo, con tres mujeres galardonadas: Nadia Murad (Nobel de la Paz), Donna Strickland (Nobel de Física) y Frances Arnold (Nobel de Química). Al tiempo que celebramos la noticia, seguimos denunciando la escasa presencia de población femenina en la cima de casi todos los campos académicos, especialmente en las disciplinas científicas. Informes como el del MIT (Massachusetts Institute of Technology, 1999, 2000) apuntan desde hace años a la discriminación y el trato desigual de las mujeres científicas en el ámbito académico. Sin embargo, el problema de la desigualdad no se ha resuelto y la invisibilización de la población femenina y el desequilibrio de género en la participación de la vida académica tiene graves repercusiones que afectan no solo a su carrera profesional, sino también a la construcción social del papel de la mujer en la ciencia.

Los organismos de Estocolmo que conceden los Premios Nobel ya han reconocido que hay más personas de grupos infrarrepresentados que merecen el premio y, sin embargo, no lo reciben. Según el editorial de octubre de Nature (562, 164; 2018), deberían además declarar abiertamente que los prejuicios de género del sistema científico están dificultando tanto la trayectoria investigadora de las mujeres como su reconocimiento final, ya que avanzar en el camino de la mejor ciencia para el mundo implica no ignorar la discriminación de la mitad de sus potenciales contribuyentes como primer paso para su superación.

Las mujeres no deciden no hablar: “valoran y aceptan ser ponentes en la misma medida que los hombres, sin embargo, reciben menos invitaciones para hacerlo” (Nittrouer et al., 2018), por lo que, tanto los organismos que gobiernan el prestigioso galardón como los comités de selección de ponentes en las universidades de todo el mundo, tienen un papel fundamental en la visibilización de las mujeres científicas y en la lucha contra la desigualdad de género. En el año del activismo y la movilización feminista más potente y global vivida hasta el momento, no es de extrañar que resuene con más fuerza que nunca la reivindicación de mayores cotas de igualdad de género también para las mujeres que dedican su vida a la ciencia, tanto en el transcurso de su carrera profesional como en el reconocimiento final a su trabajo.

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