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El brote de contracción del virus del Zika en Brasil fue internacionalmente conocido y, en muchos casos, situó el virus mundialmente, puesto deportistas de alto rendimiento de países como Estados Unidos, Kenia o España pusieron en duda su participación en los Juegos Olímpicos de Rio, Brasil. Sin más riesgo que sarpullidos y fiebre para la mayoría de población, el colectivo más vulnerable al virus son las mujeres embarazadas.

A través de la picadura de mosquito Aedes aegypti (o también por la transmisión en relaciones sexuales), muchas madres embarazadas contrajeron el virus durante el brote de 2015 y se lo transmitieron a los fetos durante su embarazo teniendo consecuencias devastadoras en su desarrollo fetal. Los y las bebés nacían con un perímetro cefálico inferior al considerado “normal” y eso implicaba la existencia de microcefalia. Las consecuencias en el desarrollo motriz y cognitivo eran muy significativas: no tienen autonomía motriz, no pueden sentarse solos, no pueden andar, algunos/as nunca podrán hablar o comer solos/as.

¿Cuáles son los desafíos a los que se enfrentan las madres brasileñas de hijos e hijas afectados tres años después del brote? Tal y como recoge Reuters, la principal problemática son los pocos recursos de los que disponen las madres para los tratamientos de sus hijos e hijas. Cerca de 30 madres fueron entrevistadas y muchas compartían situaciones similares. En su mayoría tuvieron que postergar sus sueños para volcar todas sus energías en el cuidado de su hijo/a. Algunas de ellas tampoco cuentan con el apoyo económico y emocional del padre del niño/a al marcharse el progenitor pocos días después de conocer las dificultades de criar un niño/a afectado por el virus del Zika. Los recursos económicos o las listas de espera en los y las especialistas médicas es otro de los principales factores que dificultan su día a día.

Además, todas las madres entrevistadas apuntaban como indispensable el apoyo tanto emocional como logístico de sus familiares y entorno más cercano.  Y  el amor que todas ellas tienen por sus bebés brilla siempre con fuerza. Este amor, también las hizo unirse y compartir sus vivencias. De estos lazos, retos y emociones comunes nació la Unión de Madres de Ángeles (UMA), un grupo de más de 300 madres que ofrecen apoyo emocional a cualquier madre afectada por el virus del Zika. La solidaridad y amistad reconforta la lucha diaria de todas estas madres para ofrecer la mejor calidad de vida para sus hijos e hijas. 

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