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La escuela puede ser, si quiere, una escuela valiente, ya que cada vez existen más aportaciones científicas y educativas para conseguir que sean lugares de referencia en la Educación en Valores y la Prevención de la Violencia. La actuación educativa reconocida a nivel internacional que más se ha expandido actualmente en España es el Modelo Dialógico de Prevención de Conflictos, que introducimos a los inicios de DF hace casi un año. En esta entrada nos gustaría incidir sobre alguno de los aspectos que hace posible que un centro expanda modelos dialógicos de convivencia.

La gran mayoría de personas deseamos que los niños y las niñas se eduquen en valores democráticos, pero no siempre en los centros educativos se viven estos valores día a día, ya que las relaciones que allí se dan no siempre se basan en estos valores de tolerancia, igualdad, respeto, etc. Cuando lo que se desea, o se dice desear, no va de la mano de lo que se vive cada día, fomentamos una pérdida de sentido que lleva al desencanto y a dejar de creer en los ideales que anhelamos. El alumnado aprende que una cosa es decir que hay que dialogar con todas las personas sin distinción a través de argumentos, por ejemplo, y otra muy diferente es hacerlo realidad en cada una de las interacciones que se dan entre los miembros de la comunidad. Este desencanto se traslada a familias, profesorado y demás miembros de la comunidad llegando a asumir como normal que los problemas de convivencia forman parte intrínseca de las relaciones.

¿Cómo hacer realidad este sueño de escuela valiente, de escuela democrática para una sociedad donde prevalezcan valores de libertad, respeto, igualdad y no violencia?

Algunos centros educativos ya lo están haciendo posible introduciendo el diálogo con la comunidad en todo el proceso de elaboración de las normas y diseños de los modelos de convivencia. Para ello, ponen en marcha procesos llamados de Ética Procedimental y Democracia Deliberativa. La ética procedimental establece que la bondad de las decisiones o de los acuerdos, no depende solo de su contenido en sí, sino del procedimiento con que se han llegado a consensuar. Cuantas más personas y más diversas, más argumentos y, en consecuencia, más posibilidades de conseguir mejores normas válidas para todas y todos. La democracia deliberativa, por su parte, abre espacios diversos en los que se incorpora las voces de toda la comunidad para la elaboración de aquellas normas que más les preocupan. Esta forma de organizar la escuela permite una mayor identificación de los conflictos, descubriendo más y mejor cuáles son sus causas y orígenes, alcanzando su solución incluso antes de que aparezcan. Es durante el propio proceso de creación de modelo de convivencia que ya se van transformando las relaciones de esa comunidad para prevenir y superar las relaciones violentas. Se van creando estructuras escolares de diálogo que rompen con la verticalidad jerárquica en la que sólo unos pocos deciden las normas de convivencia y de relación de todos y todas y se consigue que estas normas tengan sentido y las valoren todas y todos. En la vida del centro surgen las asambleas de alumnado y de comunidad. Son espacios para debatir y consensuar las normas que van a guiar las relaciones entre todas las personas de la comunidad educativa y asegurar que sean de máxima calidad y exentas de violencia.

Para acompañar este modo de organización y evaluar en qué medida mejoramos, existen algunas herramientas que nos pueden servir para acompañar nuestro trabajo como las que hay publicadas en las páginas del Instituto Natura o de Comunidades de Aprendizaje. La primera herramienta es un cuestionario que ayuda a reflexionar sobre si en el centro educativo se están llevando a cabo asambleas donde dialogar y consensuar las normas de convivencia y cómo superar aquellos modelos de relación que fomentan la violencia. La segunda tiene como objetivo contribuir al análisis y estudios de los valores, emociones y sentimientos para saber en qué medida mejoran las relaciones entre las personas adultas o el alumnado de la comunidad educativa.

Estas experiencias democráticas y de educación en valores superan de una forma real, desde la acción y no solo desde el discurso, la tradicional barrera existente entre la familia y la escuela para el trabajo conjunto de modelos de convivencia. Son procesos que obviamente nos interpelan, pero que nos ayudan a aprender junto a las chicas y chicos cómo construir valores de sentido y convivencia para toda la comunidad. Nos permiten crecer para poder abordar en el futuro democracias cada vez más profundas.

 

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