Autoretrato i // Mujer con unicornio // Bárbara Longh

Bárbara Longhi fue contemporánea de artistas como Sofonisba Anguissola y Artemisa Gentileschi, y Lavinia Fontana, en la ciudad de Rávena.

Aprendió su oficio en el taller de su padre; al que llamaban “el Rafael de Rávena “. Luca Longhi les enseñó el oficio de pintor a dos de sus hijos, Fernando y Bárbara; sin embargo, ella recibió una educación más restringida que la de su hermano Francesco en cuanto a lo que podía pintar y aprender.

Bárbara ayudaba a su padre a pintar grandes retratos religiosos, ya que la familia era muy religiosa, a favor de la Contrarreforma Católica, y esto se trasluce en su producción artística.

La obra de Bárbara Longhi fue una pintora reconocida y lo bastante relevante como para que Giorgio Vasari, teórico del arte la tuviese en consideración. Giorgio Vasari, además de ser teórico del arte, era arquitecto, pintor y autor de una obra muy importante sobre las vidas de los más excelentes pintores, escultores, en el que incluyó la obra de esta pintora; por lo que cobra importancia su aprecio por la obra de esta pintora,  en una sociedad tan difícil para el reconocimiento de la obra de mujeres.

Vasari destacó “la pureza de la línea y la suave brillantez del color.

En un principio la pintora utilizaba una paleta de color bastante restringida y una composición más bien simple, parece ser que por ser mujer. La línea se destacaba sobre el modelado de las figuras. Posteriormente, a partir de 1590, Bárbara comenzó a utilizar colores más brillantes, en figuras que fueron adquirieron dimensiones más monumentales, y empleando como fondo, además,  cortinados que cubrían parcialmente el paisaje o el cielo en la lejanía. En los trabajos de esta artista son visibles la técnica del sfumato y la composición piramidal.

Después de 1600, en sus obras ya no aparecen figuras completas ni escenarios arquitectónicos;  la composición se simplifica en imágenes religiosas devotas que se concentran en una relación más íntima entre los paisajes y el espectador.

Como ya hemos dicho anteriormente, Bárbara Longhi se dedicó fundamentalmente a la pintura religiosa, en especial a las representaciones de la Virgen y el niño.

Debido a su condición de género, que restringía la presencia de las mujeres en los oficios artísticos, su trabajo no fue conocido fuera de Rávena.

Bárbara Longhi es una de las mujeres que durante el Renacimiento y el Barroco se dedicaron a su gran pasión, el arte,  y, además, vivieron de él.

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