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Mujeres de todas las edades, lugares y ambientes sociales, están desvelando mediante la publicación masiva de tweets y posts, por qué no denunciaron hasta ahora las agresiones sexuales que sufrieron.

Fruto de la denuncia al candidato a juez de la Corte Suprema, Kavanaugh, y el intento de  silenciar a las posibles víctimas de acoso sexual cuestionando principalmente por qué han denunciado ahora y no lo hicieron antes, ha surgido un movimiento internacional de rechazo a este cuestionamiento, y en la red han surgido millares de mensajes visibilizando los grandes obstáculos a la denuncia.  

Explorando los últimos tweets publicados, vemos que las historias más silenciadas suelen relacionarse con agresiones sexuales siendo menores, y que algunos de los círculos cercanos o familiares eran propensos a callarlos, silenciarlos, anteponiendo una absurda imagen al sufrimiento de las niñas o niños víctimas de abusos sexuales.

Son testimonios que nos narran la necesidad de ir un paso más allá, más radical y profundo, sobre cómo proteger a las y los menores, y la responsabilidad que tenemos las personas adultas en velar para que así sea.  Presentamos algunos de los ejemplos.

Ashley Judd, narra cómo a los siete años sufrió un abuso sexual, se lo dijo a las personas adultas de confianza, y la respuesta que recibió fue: “Oh, sí, él es un señor mayor majo, seguro que no era lo que quería decir”.  Sigue su testimonio diciendo: “Así que cuando fui violada a los 15 sólo se lo dije a mi diario, y cuando un adulto lee esa historia me acusa de haber tenido sexo con una persona adulta”. Tal y como narra Ashley, hay una tendencia social urgente a erradicar, que es culpabilizar a la menor, cuando el foco debe ponerse precisamente en la persona adulta que aprovecha su situación de poder para agredir sexualmente a menores. También las interacciones de disculpa a los acosadores son tremendamente dañinas y cómplices del abuso sexual perpetrado y no se puede seguir consintiendo tal atrocidad. Su testimonio ha generado un gran impacto: más de 12 mil retweets y 46.000 likes, y más personas han decidido romper el silencio y compartir su testimonio.

Los chantajes que reciben las víctimas menores son habituales, como el caso que explica Dona Lynne,  ella sufría la amenaza que si contaba el abuso sexual, el acosador haría daño a su madre.

Otro ejemplo de los chantajes habituales es intentar destruir la credibilidad de la víctima, como cuenta Rita P. Cheng,  como su agresor le decía de una forma segura que nadie la creería, que el mundo se pondría en contra de ella, y él era un adulto de confianza de su círculo cercano.

Carmen, narra como la pareja de su tía abusó de ella, cuando tenía 8 años, como ella se lo dijo a su prima que tenía 10, y ésta le confesó  que ella también sufría abusos, y le dijo que no se le ocurriera decirlo porque entonces él mataría a su madre, su tía.

Las amenazas, chantajes, abusos sexuales, pasan alrededor nuestro, en nuestros entornos más cercanos,  este hashtag está revelando de una forma intensiva, cómo han sufrido millares de víctimas, y ahí las personas adultas tenemos una responsabilidad que no podemos mirar a otro lado. Se ha roto el silencio una vez más, y se está abriendo el camino para a ir una de las raíces más profundas, erradicar la violencia sexual hacia las y los menores, a través de nuestro posicionamiento activo en los entornos familiares y cercanos. No hay derecho que una niña o un niño no pueda disfrutar de una vida segura,  la responsabilidad está en nuestras manos.

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