Dra Maite Vilalta y Dra Pilar Rivas

Hoy entrevistamos a la Dra Maite Vilalta, vicerrectora de igualdad de la Universidad de Barcelona, y a la Dra. Pilar Rivas, directora de la unidad de igualdad. Desde el nombramiento del nuevo equipo rectoral de la UB, y su Vicerrectora de Igualdad, se ha iniciado un cambio de trayectoria comparada con los anteriores equipos rectorales en materia de prevención del acoso sexual, aquellos donde el catedrático Jesús de Miguel disfrutó de impunidad mientras se atacaba a la víctima que se atrevió a denunciarlo y a quienes la apoyaron.

¿Cuáles considera que deberían ser las premisas básicas de una universidad en materia de violencia de género?

Contar con un protocolo de actuación eficaz en materia de acoso, y, por lo que respeta al trato a las víctimas de violencia de género en el sentido previsto en la LO 1/2004, contar con las medidas necesarias para facilitar la atención a las mismas en el marco bien de su vida profesional bien de su vida académica, según se trate de trabajadoras o de estudiantes. Las anteriores, como indica la pregunta, son las básicas, así como el lema tolerancia cero al acoso, a partir de las cuales debe construirse un sistema de prevención universal, focalizado en las tres “patas” universitarias: docentes, PAS y estudiantes.

¿Podrían detallar actuaciones que hayan llevado a cabo que contribuyan al cambio de la UB respecto de las actuaciones de anteriores equipos rectorales?

El anterior equipo rectoral se ha volcado en el trabajo que debe conducir a la mejora de los instrumentos con los que ya contaba la UB: el plan de igualdad y el protocolo de actuación frente al acoso. En paralelo, se ha realizado una campaña de “tolerancia cero”, y se ha continuado con el programa del equipo anterior denominado “Cuídate cuida”, dirigido al fomento y la formación en materia de violencias machistas. Finalmente, se están estudiando medidas mucho más reforzadas en la protección a las víctimas y a aquellas que, en el marco de la LO 1/2004, tienen la condición de víctimas de violencia de género para compatibilizar con su situación el trabajo o los estudios, así como para garantizar su anonimato en las aulas, todo ello en el ámbito del III Plan de igualdad.

Las universidades que ocupan los primeros lugares de los rankings internacionales consideran que las víctimas que denuncian y quienes las ayudan prestigian la institución mientras que nuestras universidades consideran que las desprestigian. ¿Ha habido también un cambio de la UB en esta percepción?

La UB considera prioritario dar solución a situaciones de esta naturaleza que puedan detectarse, huyendo de opciones de “encubrimiento institucional” y condenando otras posturas que no sean enfrentarse abierta y directamente al problema, sean quienes sean los implicados, como corresponde a una institución socialmente responsable y que condena todo tipo de violencias y en particular las de carácter machista.

Una evidencia científica es que no se puede eliminar ni disminuir el acoso sexual, si al mismo tiempo no se actúa institucionalmente contra la revictimización de quienes se atreven a denunciar y contra el acoso sexual de segundo orden a quienes las apoyan. ¿Se plantea también la UB ahora actuar contra la revictimización y el acoso sexual de segundo orden?

Por supuesto. El protocolo de actuación en materia de acoso que se encuentra en proceso de reforma actualmente prevé tanto la legitimación de terceros como su propia obligación de denunciar situaciones de las que puedan tener conocimiento, lo que implica asimismo la tutela de tales personas, así como de las situaciones que se denominan “discriminación por asociación” sufrida por quienes se relacionan o apoyan a la víctima.

¿Considera que hubieran sido posible los comportamientos impunes de un famoso catedrático durante 30 años si no hubiera habido importantes complicidades en la UB?

No puede identificarse la responsabilidad de algunas personas con la propia institución, que deben separarse con especial escrupulosidad. Tampoco consideramos que debamos profundizar públicamente en responsabilidades pasadas, más allá de asumir las consecuencias presentes. No puede ser ese nuestro papel. Lo que sí podemos afirmar es que el actual equipo, del único del que podemos responder, tiene un firme compromiso con la tolerancia cero a estas conductas, y que hará cuanto sea necesario por atajar cualquier tipo de ellas que pueda detectar, desplegando los mecanismos necesarios para su detección precoz y para su evitación en la medida de sus posibilidades, tal y como se prevé en el III Plan de Igualdad en elaboración actualmente.

Un criterio internacional muy claro es que quien calla o mira para otro lado es cómplice. El centro de investigación que rompió el silencio ha recibido siempre apoyo público desde Harvard, Cambridge o el European Womens Lobby, mientras desde la UB recibía todo lo contrario. ¿Va a haber cambios también en este sentido?

No estamos de acuerdo con tal afirmación, como tampoco ha ocurrido en la UB exactamente lo mismo. Como ya se ha dicho, la postura institucional es contraria a silenciar los casos que se produzcan, pues el prestigio de esta universidad no depende de maniobras de ocultamiento, sino de reacción directa contra cuantas conductas de este carácter puedan detectarse. Como primer ejemplo, el caso conocido al que se refiere en la pregunta quinta ha motivado que, llegado el momento de otorgar la medalla a la jubilación de tal catedrático, que no es un mecanismo de distinción de determinados profesores, sino común a todos los que acceden a la jubilación después de su trayectoria en la UB, se haya optado por negar dicha medalla al aludido profesor. Del mismo modo, tenemos en seguimiento otros casos para dar la mayor protección a las víctimas y evitar que persistan las conductas denunciadas. La postura de la Unidad de igualdad y de las comisiones de igualdad de los diversos centros docentes de la UB son especialmente vigilantes con el tema en la actualidad.

El documental de televisión sobre este tema que ha ganado un importante premio internacional analiza el trato dado por la UB a Ana Vidu la primera víctima que denunció a ese catedrático. ¿Considera usted también que documentales así contribuyen a superar las complicidades con violencia de género en nuestras universidades?

Seguramente sí, pero lo que realmente contribuye es una cultura institucional de absoluta intolerancia con el acoso sexual, ya que el tema al que se refiere la pregunta se centra en el acoso de naturaleza sexual. Lo importante para nuestro estudiantado es conocer que existen mecanismos para tramitar sus denuncias, que estas van a ser efectivamente estudiadas y escrupulosamente tratadas y que la postura institucional es contraria a tolerar estas conductas en ninguno de sus trabajadores, y, por lo que respecta al estudiantado, sus docentes.

¿Desea añadir algo más sobre qué objetivos se proponen de futuro para garantizar una universidad totalmente libre de acoso sexual, revictimización y acoso sexual de segundo orden?

Ya se han indicado anteriormente las medidas proyectadas y el momento de reforma en el que nos encontramos en la UB, desde que en el año 2016 se dotara a la UB de una estructura más reforzada en la lucha por la igualdad por razón de género, creando asimismo en el curso 2016-17 un vicerrectorado propio de Igualdad y acción social, junto con un órgano ejecutivo, la Unidad de igualdad, y una directora al frente del mismo.

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