Las situaciones de machismo y acoso que sufren las actrices catalanas han sido en estos últimos meses un tema de debate y han logrado romper el silencio.

Por un lado, destaca la dimisión de Lluís Pasqual de la dirección del Teatre Lliure, fruto de una campaña iniciada por la actriz Andrea Ros y apoyada por el colectivo feminista “Dones i Cultura”, que recogieron en un documento colectivo acusaciones sobre su presunto comportamiento abusivo y tratos vejatorios, así como la reivindicación de que el Teatre Lliure pueda ser dirigido desde un tipo de liderazgo donde el trato humano y respetuoso sea básico, entre otras cuestiones.

Por otro lado, Júlia Barceló inició una campaña de Twitter para denunciar los comportamientos machistas y acosos bajo el hashtasg #SerAcrtiuÉs. A partir de ahí se ha generado toda una conversación bajo este hilo sobre situaciones concretas a las que se enfrentan las actrices tanto en su período de formación, como ante las exigencias de algunos castings y las instrucciones de algunos directores. Tanto en twitter, como en algunas entrevistas ofrecidas en los medios de comunicación, Julia Barceló denuncia que estas situaciones se daban incluso en el período de formación en el en el Institut del Teatre, donde había algunos profesores que, abusando de su situación de poder, provocaban situaciones de acoso, coaccionando a sus alumnas para aprovecharse sexualmente. En la misma entrevista concedida a diario.es, Julia Barceló recuerda situaciones como que entre las amigas se decían “qué suerte” cuando participaban en talleres donde no se les obligaba a enseñar sus pechos.

También en algunas entrevistas radiofónicas se denuncia un estilo machista y misógino, a la hora de dirigir o formar, que debe eliminarse para afianzar una formación y ejercicio profesional libre de violencia, así como contextos cómodos y seguros tanto para las actrices como para los actores. El secreto entre director y actrices/actores, que tanto se veneraba en la profesión como sagrado, se ha roto, y cada vez son más las personas que reclaman un trato respetuoso, digno y 0 violento en cualquier relación contractual.

Este paso de romper el silencio sobre los acosos sexuales en el sector es básico, garantiza  que futuras generaciones de actrices puedan ejercer su profesión libres de cualquier tipo de violencia sexual y coacción. Queda camino por recorrer pero, como recogían en algunas declaraciones, ya no se puede dar marcha atrás.

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