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La ola de calor global ha afectado las ciudades de todo el mundo, afectando a todas las familias. Aunque las consecuencias afectan de forma desigual entre las familias con más recursos económicos y aquellas con situaciones de precariedad, siendo estas últimas las principales afectadas por los cambios meteorológicos.

Según The Guardian, en ciudades como Montreal por ejemplo se vieron cantidades de personas buscando espacios donde refugiarse del calor, no siendo bienvenidos y bienvenidas en los centros comerciales u otros espacios dotados de aire acondicionado. Cincuenta y cuatro personas han muerto por la ola de calor este verano en Montreal, aunque aún no se ha especificado si entre ellas se encontraban personas sin hogar, sí que se ha especificado que la mayoría de ellas tenía más de cincuenta años, vivía sola y tenía problemas físicos o mentales.

Del mismo modo, en Estados Unidos se estima que los y las trabajadoras inmigrantes, tienen tres veces más probabilidades de morir por exposición al calor que los ciudadanos y ciudadanas estadounidenses. En la India, donde se espera que 24 ciudades alcancen temperaturas medias en verano de al menos 35 ° C (95 ° F) en 2050, son los y las habitantes de los barrios marginales los más vulnerables. Y a medida que aumenta el riesgo global de una exposición prolongada al calor mortal, también lo hacen los riesgos asociados de la catástrofe humana. 

El año pasado, investigadores hawaianos proyectaron que la proporción de la población mundial expuesta al calor mortal durante al menos 20 días al año aumentará del 30% actual al 74% para el 2100 si se permite que crezcan las emisiones de gases de efecto invernadero. (Se elevará al 48% con “reducciones drásticas”). El año 2018 será uno de los más calurosos desde que comenzaron los registros, con temperaturas máximas sin precedentes que envuelven al planeta, desde los 43 ° C (109 ° F) en Bakú, Azerbaiyán, hasta los 30 ° bajos en toda Escandinavia. En Kyoto, Japón, el mercurio no cayó por debajo de los 38 ° C (100 ° F) durante una semana. En los Estados Unidos, una ola de calor inusualmente temprana y húmeda de julio llegó a 48.8C (120F). Los y las residentes usaron en exceso sus aires acondicionados tanto que causaron escasez de energía.

La Organización Mundial de la Salud afirma que el 60% de las personas vivirán mayoritariamente en ciudades el 2030, y cuanto más densamente pobladas se vuelvan, más calor recibirán. Teniendo en cuenta que las predicciones recientes advierten que las temperaturas en el sur de Asia superarán los límites de la supervivencia humana para fines de siglo, cada grado cuenta. Incluso este año, 65 personas han fallecido a causa de casi 44 ° C (111 ° F) de calor en Karachi, Pakistán, una ciudad acostumbrada al calor extremo.

Estos problemas son peores para las poblaciones vulnerables o de bajos ingresos que viven cerca del tráfico en viviendas precarias sin aire acondicionado. Los investigadores e investigadoras desde hace años recomiendan plantar más árboles y aumentar una perspectiva de justicia ambiental y abordar las disparidades raciales / étnicas para mitigar el cambio climático y sus principales efectos.

En al menos uno de los países más calurosos del mundo, se están comenzando a tomar medidas. La India anunció recientemente que una serie de intervenciones de salud pública de sentido común han llevado a una enorme reducción de muertes relacionadas con el calor: de 2.040 en 2015 a poco más de 200 en 2017. Las medidas exitosas incluyeron el desbloqueo de las puertas de los parques públicos durante el día distribuyendo agua gratis y pintando los techos de las comunidades de tugurios de blanco, reduciendo así 5C a las temperaturas internas. Montreal implementó por primera vez un plan de acción de calor similar en 2004, reduciendo la mortalidad en días calurosos en 2.52 muertes por día, pero a medida que las olas de calor se intensifican, es probable que estas medidas deban ser reevaluadas.

Cada vez son más las iniciativas que se están desarrollando en las principales ciudades del mundo para combatir el cambio climático y proteger a las personas más vulnerables de esos cambios que afectan directamente sus condiciones de vida y su salud.

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