Clara Rockmore (Imagen de Wikipedia)

Clara Rockmore nació en 1911. Fue una niña prodigio. Tocaba el violín y podía haber pasado a la historia como una virtuosa de dicho instrumento, pero una enfermedad en los huesos le impidió seguir tocando su instrumento favorito.

A los dieciocho años conoció a Léon Theremin, creador del instrumento que lleva su nombre. Cuando Léon Theremin, científico e inventor ruso, presentó en sociedad el instrumento, a Clara le fascinó. El inventor le dio la oportunidad de interactuar con el theremin y ella comenzó a tocarlo con una sensibilidad y precisión propias de alguien que lo hubiera estado haciendo desde siempre.

Ese momento cambió su vida, pues aunque no podía tocar el violín, le permitió seguir unida a la música. Además, ayudó a cambiar la historia de la música.

El theremin es el único instrumento que se toca sin tocarlo y que se controla desde el espacio ya que es capaz de producir sonido sin que exista contacto físico entre el aparato y el intérprete. Theremin construyó un dispositivo electrónico con dos circuitos que crean un campo electromagnético capaz de producir sonido gracias al movimiento de las manos en el aire al invadir dichos espacios.

Léon Theremin pudo desarrollar y perfeccionar su invento gracias a los estudios musicales y el oído privilegiado de Clara Rockmore. Entre las modificaciones más importantes derivadas de la colaboración de ambos, destacan la ampliación del rango de octavas de 3 a 5, algo que ayudó a la joven a interpretar piezas más rápidas y con mayor precisión, y el control más rápido del volumen y el tono.

A pesar de tratarse de uno de los instrumentos más difíciles de tocar ya que no tiene referencias en las que afinarlo, Clara Rockmore logró dominarlo a la perfección y abrir el camino para convertirlo en el pionero de la música moderna. Además, sin haber recibido ninguna noción de cómo interpretar el theremin, Clara Rockmore logró con movimientos precisos y sus cualidades inherentes elaborar su propio método de ejecución, llegando a alcanzar un grado extraordinario de fusión con el instrumento y centró sus esfuerzos en conseguir llevar el theremin a la altura de cualquier instrumento clásico.

Para ello no dudó en interpretar piezas de ilustres y reconocidos compositores como Bach, Chopin, Schubert o Saint-Saëns, ya que consideraba que el theremin era un instrumento melódico y que los compositores de su época estaban «más interesados en escribir obras llenas de efectos y ruidos antes que melodías».

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