Phillis Wheatley vivió entre 1753 y 1784. Nació en el área que hoy denominamos Senegal y Gambia, pero a los siete años de edad la capturaron, la convirtieron en esclava y la llevaron a América. Una vez allí, el matrimonio Wheatley la compró y la convirtió al cristianismo.

Pronto, el mencionado matrimonio se percató de la inteligencia de su nueva sirvienta y decidieron darle una buena educación; de modo que estudió teología, filosofía, astronomía, literatura, inglés y lenguas clásicas junto a los niños de la familia.

Phillis comenzó a escribir poesía y John y Susanna Wheatley la animaron a recitar sus poemas en las reuniones sociales. El público se quedaba perplejo ante su ingenio. Acorde con el racismo imperante, muchos de los asistentes no creían que una persona negra, a la que por lo general se consideraba mental y moralmente inferior, fuera capaz de escribir poemas tan exquisitos.  

Así pues, Phillis Wheatley fue sometida a un duro interrogatorio en el que dieciocho dignatarios, entre ellos el gobernador de Massachusetts, reconocieron, finalmente, su inteligencia y consideraron que tenía la suficiente destreza para haber escrito aquellos poemas. Este hecho supuso el primer reconocimiento, en la historia de los Estados Unidos, de la igualdad intelectual entre blancos y negros.

Phillis Wheatley fue la tercera mujer, la precedieron Anne Bradstreet y Mary Rowlandson, que publicó un libro en los Estados Unidos.

Phillis Wheatley se convirtió en una escritora reconocida. Viajó a Inglaterra en 1773 y allí conoció, entre otros, a Benjamin Franklin, al conde de Dartmouth y al alcalde de Londres. Además, recibió un ejemplar de Paradise Lost, de John Milton y la traducción de Don Quijote de Smollett.

La escritora encontró el vínculo entre las tradiciones africana y greco-romana; así afirmaba su parentesco con ambas genealogías y se mostraba a sí misma como el recuerdo vivo de su pueblo largamente oprimido.

Su obra es considerada uno de los primeros ejemplos de la literatura afroamericana y fue utilizada por los abolicionistas para negar la inferioridad artística de los africanos. Durante muchos años sus poemas fueron más valorados desde el punto de vista histórico que del literario. No obstante, hoy día sus poemas son analizados y estudiados en los institutos y universidades de gran parte del mundo.

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