Desde Diario Feminista hemos entrevistado a Celia Santos Tapia, cofundadora de Noies Al Lab (Chicas en el Lab, en castellano) e investigadora predoctoral en el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona (IRB). ¿Qué podemos hacer para que las niñas no pierdan el interés por la ciencia y la tecnología? Esta pregunta llevó a Celia y a otras dos investigadoras a fundar esta prometedora iniciativa, centrada en fomentar vocaciones científicas en las niñas desde edades tempranas.  

Qué es Noies al Lab? ¿Cómo surge?

La iniciativa nació con el objetivo de fomentar vocaciones científicas y tecnológicas en las niñas desde edades muy tempranas. Revisando bibliografía con unas compañeras del IRB nos dimos cuenta de que los sesgos y los roles se asimilan cuando las niñas son muy pequeñas. Hubo un artículo de Science que nos dejó rotas. Decía que a la edad de los 7-8 años las niñas ya asumen que ellas no son brillantes y por tanto descartan carreras que ellas vinculan con ser brillantes o ser inteligentes.

 Nos sorprendió que desde tan pequeñitas ya asumieran estos roles. No es innato, porque cuanto tienen 5 años no tienen esta percepción. Se empieza a asumir, pues eso, a partir de los 6 y los 7. Y dijimos, bueno, ¿qué podemos hacer? No para que las niñas adquieran interés, porque ellas ya lo tienen, sino para que no lo pierdan, porque lo tienen, y lo pierden a medida que van pasado los años. Y esto se va agudizando a medida que se hacen mayores.

También vimos que todos los programas que había para fomentar las STEM estaban dirigidos a chicas más mayores y dijimos: Si la problemática empieza cuando tienen 7-8 años, pues vamos a dirigirnos a este público más infantil. Ya teníamos experiencia en divulgación y decidimos crear la asociación para empezar con los talleres. Fue entonces cuando contactamos con más científicas expertas en otros temas. Nosotras venimos del campo de la genética y la biotecnología pero queríamos ampliar a más campos: botánica, ecosistemas, programación, tecnología, etc. Estamos abiertas a cualquier científica que quiera proponer talleres y unirse.

¿Cuáles son vuestras principales líneas de actuación?

Otro de los factores que identificamos es la falta de referentes. Entonces, las ideas fundamentales de los talleres son dos. La primera, basarlos en contribuciones científicas de mujeres. No solo mujeres de la historia, sino poner de referencia a mujeres actuales. Porque siempre que se habla de mujeres nos referimos a Marie Curie o alguna otra mujer histórica, pero también hay mujeres importantes ahora haciendo cosas.

Y la segunda, que los talleres los impartan mujeres científicas permite que las niñas tengan mentoras accesibles. Que vean que somos de carne y hueso. También es la percepción que tienen de lo que implica ser una científica. Por ejemplo, en uno de los talleres se le acercó una niña a mi compañera y le preguntó: ¿Pero tú tienes amigos y novio? Es un poco la percepción esta que tienen de “a saber cómo hay que ser para ser una científica”. Una concepción de que hay que ser una empollona, una rarita y ellas, claro, rechazan eso. Esta percepción influye en que piensen que quizás es incompatible tener una vida normal con una carrera científica.

En este sentido, hay una investigación que iniciaron en Estados Unidos hace bastantes años que se llama “Dibuja un científico”. Les pedían a grupos de niños y niñas que dibujaran científicos y científicas. La manera estereotipada en la que lo dibujaban era un hombre blanco dentro de una laboratorio cerrado, con bata blanca, los pelos todos alborotados y haciendo explotar cosas. Con los años ha habido una evolución, pero sigue habiendo una infrarrepresentación de las mujeres en esos dibujos y, sobre todo, falta de mujeres en espacios diversos. No solo científicas de bata, sino otro tipo de científicas como antropólogas, ecólogas, etc. Y otras razas. Casi no hay mujeres negras, mujeres asiáticas. Hay que tener en cuenta que cuando son pequeños o pequeñas tienden a dibujar más diversidad, hombres y mujeres en distintos entornos, con ropas de distintos colores. Conforme van siendo más mayores, tanto niñas como niños tienden a dibujar a menos mujeres. Creo que cuando llegan a los 14 años solo 1 de cada 4 dibujos son una mujer. Eso implica que es algo que van aprendiendo.

¿Qué os comentan las niñas en los talleres?

Nos dicen que esto no lo habían hecho antes, que no sabían cómo era. Nos dicen que esto les gusta y que es muy divertido. El desinterés nace muchas veces del desconocimiento. Sus amigas no se apuntan y entonces ellas tampoco se apuntan. Claro, prefiero apuntarme a gimnasia rítmica con mis amigas. O, total, mis padres no me animan. Entonces no lo viven, no lo experimentan y llegan al momento de elegir sin saber si les gusta, porque tampoco lo han vivido. Yo, por ejemplo, llegué a los 18 años sin haber hecho nunca programación en la escuela. Tal vez si hubiera hecho un taller, hubiera sabido si me gustaba o no, ¿no? Entonces, es ofrecerles la experiencia.

Cómo mujer científica, ¿qué te ayudó?, ¿qué nos puede ayudar a superar las barreras?

Hay una cosa que es muy importante y es el apoyo de la familia, no solo a nivel económico sino a nivel personal, de incentivar. Mis padres siempre me animaron, me mostraron las distintas posibilidades y me ayudaron a que escogiera lo que yo quisiera. En particular en las niñas, se ve que el factor familiar influye más. Como toda la socialización va en contra, el hecho de que tu familia te apoye o no, juega un papel crucial. En los niños no es tan determinante porque tienen otros estímulos que les llevan allí. En mi caso sí que tuve ese input a la hora de elegir carrera.

Y como investigadora predoctoral, ¿sigues encontrando barreras?

En mi centro de investigación en particular creo que hay 23 grupos de investigación y solo hay 2 mujeres que lideren uno de los grupos. Se ve a todos los niveles. Creo que los entornos no son favorables para la participación, hay muchísima jerarquía y las mujeres tendemos a participar menos, a exhibirnos menos, a tener menos confianza en nuestros trabajos… Esto te acaba perjudicando. Es un mundo vertical, machista, no tenemos referentes, la mayor parte de personas que toman las decisiones en los centros de investigación siguen siendo hombres, el jefe sigue siendo hombre, sigue habiendo sesgos inconscientes en la contratación, lo vemos en todos los puestos. Y luego está el tema de la conciliación. Pero son sobre todo factores que se dan en el día a día los que juegan un papel muy importante. Creo que la estadística era: un 60% de las chicas que acaban el doctorado quieren seguir, mientras que en el caso de los chicos se sitúan en torno al 90%. Entonces algo pasa ahí a nivel de doctorado.

También es el concepto que se tiene de excelencia. Ser excelente son cosas muy concretas y a veces, si no encajas en esta dinámica, acabas diciendo: es que no me siento a gusto, tal vez la ciencia no es para mí. Igual la ciencia sí que es para ti y lo que no es para ti es la manera en la que se organiza. Y esto hace que muchas pierdan el interés a la hora de seguir.

¿Qué les dirías a las niñas que sueñan con ser científicas?

Hay una idea que a mí no me gusta y es esta cosa de “si quieres, puedes”. Hay que incentivar a las niñas y hay que animarlas, pero también hay cosas que no son responsabilidad de uno mismo. Una atraviesa determinadas circunstancias, tu posición social, tu sexo, tu raza… al final te condiciona para llegar a un determinado punto. Esto de la meritocracia a mí me plantea dudas. Si les tuviera que mandar un mensaje: que crean en sí mismas, en sus capacidades, que experimenten, que prueben. Es complicado porque toda una vida de socialización pesa, pero yo les diría eso.

El próximo sábado 9 de junio Noies Al Lab co-organiza en Barcelona enREDadas: Jornadas de programación para niñas y charlas sobre mujeres y tecnología.