Últimamente, el debate creciente sobre las relaciones afectivo-sexuales, el acoso sexual o las violaciones coloca en primera línea de diálogo la responsabilidad o no de los sujetos, algunas veces de forma tendenciosa y muy peligrosa. Como seguimos recientemente, el debate sobre el #cuéntalo a través de twitter nació con el objetivo de que las chicas que habían sufrido cualquier tipo de violencia lo denunciaran a través de las redes como una forma de visualizar la magnitud del problema y dar voz a todas aquellas que durante años han permanecido en silencio.

En el momento álgido del #cuéntalo, algunas con vocación de “justicieras” decidieron cambiar el foco de debate y pasar la pelota a los hombres, con el #cuentalohombre, que se convirtió en un tipo de lapidación popular de los hombres pidiendo perdón por el mal ocasionado, poniéndose bajo etiquetas de “micromachistas”, “machistas”, “afectados por el patriarcado”, etc. Eso, no solo sirvió para silenciar la campaña de denuncia de las víctimas y supervivientes, sino que fue una herramienta útil de algunas “feministas” para machacar a aquellos chicos, a los que saben que pueden machacar, poniéndoles cantidades de etiquetas y pidiéndoles a la vez unos cambios que no piden a otros.

Los estudios feministas demuestran que no todos los hombres son iguales, existen aquellos que son violentos, chulos, provocadores… aquellos a los que sí deberíamos rechazar por completo, pero también existen aquellos que, por los motivos que sean, no se atreven a posicionarse ante los violentos, a los que esa falta de seguridad generalmente les quita atractivo, mientras que, por otra parte, existen los que las feministas reconocidas internacionalmente llaman las Nuevas Masculinidades Alternativas (NAM). Son chicos seguros y atractivos que se posicionan siempre contra cualquier tipo de violencia, se solidarizan con la lucha feminista y son capaces de plantear una alternativa real al primer grupo mencionado.

El problema profundo es que en los movimientos sociales, en las redes, en la mayoría de espacios que pretenden ser “transformadores”, el discurso y las prácticas se enfocan cada vez más al machaque a los chicos “majos”, a aquellos que, si lo pensamos dos veces, sabemos perfectamente que nunca harían nada en absoluto que pudiera provocar una relación de desigualdad ni de discriminación hacia nosotras, mientras que a los más chulos, a los que llaman más la atención y nos tratan peor, a esos se les disculpa todo. Más bien se les ríe todo, aun siendo conscientes que no tratan bien a nuestras compañeras, que les engañan, que hacen comentarios grotescos de alguna de ellas…(como poco). Vemos chicos en las manifestaciones del 8 de marzo o del 25 de noviembre que salen a las plazas a leer manifiestos sobre “lo machistas que son”. ¡Qué horror y qué confusión! El machaque que se hace a los chicos feministas es un error que tiene y tendrá consecuencias históricas, más aún si silenciamos las actitudes de aquellos que sí son machistas. Durante toda la historia, siempre ha habido hombres que se han posicionado junto con las mujeres, contra cualquier forma de violencia, que han soñado con unas sociedades y unas comunidades de iguales, basadas en el respeto, la solidaridad y el amor o la amistad. Y hoy vemos que esa doble moral de algunas feministas rompe con los sueños de años de lucha feminista compartida, sometiendo a los chicos más entregados a unas relaciones de desigualdad, en nombre de una falsa libertad.

Ni todos los hombres son machistas, ni todas las mujeres que lo dicen son feministas. De hecho, hay hombres que han hecho muchísimo más por el feminismo y por los derechos de las mujeres, que algunas que se autodenominan feministas. Ponerlo todo en el mismo saco es de una confusión que destroza el movimiento feminista y machaca a muchos chicos que, de no ser así, se posicionarían radicalmente contra cualquier tipo de machismo y de violencia, generando además atractivo, no como ocurre ahora mismo, que lo generan precisamente aquellos que no tienen nada de feministas ni de “compañeros”.

Desviar el foco de atención de la lucha feminista, como ocurrió con el #cuentalohombre, es tan perjudicial para las víctimas como para todos los chicos feministas que se vieron obligados a retratarse públicamente, mientras que aquellos que sí son machistas, obviaron por completo el debate.

Las feministas, queremos luchar juntamente con chicos seguros, no violentos, atractivos, que se posicionen ante todo y nunca asuman el peso de un machismo que no ha conseguido someterlos lo más mínimo en cualquiera de sus actitudes y en cualquiera de sus discursos. Rechazar el machismo es principalmente no asumirlo como propio. El machismo no es genético, es social, como también es social luchar contra él, desde la radicalidad del feminismo más solidario, atractivo, libre y transformador.

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