Este lunes la Comisión Europea ha presentado su estrategia global para lograr una reducción de plásticos efectiva que mejore el medio ambiente. El drama en los océanos, con islas enteras de plásticos es conocido por todos y todas. Cualquier acción para combatir tal desastre medioambiental es una responsabilidad tanto individual como colectiva.

En DF ya recogimos algunas iniciativas individuales a nuestro alcance para reducir el impacto en nuestro entorno. Algunos ejemplos son comprar en tiendas libres de plástico, sumándonos al movimiento #zerowaste o comprar responsablemente con el fin de evitar el malbaratamiento industrial de los alimentos. Ahora que llega el verano, también podemos contribuir a una mejora de nuestras playas recogiendo los residuos que veamos.  

Y desde este lunes ya, sí, desde una dimensión colectiva, Bruselas se ha puesto manos a la obra y finalmente ha asumido este desafío. Para superar esta problemática global, han estudiado cuáles son los plásticos con más presencia en las mareas oceánicas y han propuesto un conjunto de acciones para evitar, en especial, los plásticos de un solo uso. Algunas de estas estrategias son la prohibición de bastoncillos de los oídos, cubiertos de plástico, agitadores de bebidas como el café, pajitas, platos de plástico de usar y tirar y palos de globos infantiles.

Además, se propone reducir el consumo de envases de bebidas y comida así como de botellas. En relación con estas últimas, se apuesta por una recogida separada de botellas y de sus tapones y se demanda un diseño que permita mantener unidas estas pequeñas piezas. Por otro lado, las empresas productoras de tabaco, bolsas de plástico, envoltorios de patatas chips/caramelos y de productos de higiene íntima tendrán que contribuir a la conciencia de la ciudadanía en su uso, recogida y tratamiento de los desechos.

El propósito final de la Comisión Europea es que la ciudadanía europea tome consciencia sobre estas medidas y las haga suyas. Este primer paso no finaliza aquí sino que se convierte ya en un tema central en los próximos comicios europeos que tendrán lugar el año que viene.

Si nos adentramos en este paradigma ecologista, veremos que existen alternativas más sostenibles y más duraderas a los plásticos que usamos a diario. Desde distintos colectivos sociales son varias las campañas que se están impulsando para romper con este mal hábito –véase #DesnudaLaFruta.

Todas, también la Comisión Europea, coinciden en la necesidad de concienciar a la ciudadanía sobre el uso excesivo de plástico en nuestro día a día: envases de alimentos (bollería, bandejas de carnes, redes para contener las naranjas, ensaladas…), productos de higiene personal (cepillos de dientes, discos de algodón para desmaquillarnos, envases de cremas, maquillaje, geles y champús, tampones, compresas…), incluso productos de limpieza del hogar (estropajo para lavar los platos, jabón para fregar los platos, para la vitrocerámica, los cristales, los suelos, los baños…).

La buena noticia es que para todos los productos mencionados hay alternativas sostenibles. El cambio hacia un mundo más saludable y respetuoso con la naturaleza está, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, en nuestra mano.

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