Casas del barrio de Lavapiés, Madrid (Foto: Ana Alvárez)

Hace dos años, el edificio de 33 viviendas situado en la calle Argumosa 11, del madrileño barrio de Lavapiés, fue comprado por un fondo de inversión. A finales del año pasado, el vecindario –la mayor parte mujeres y familias con escasos recursos- que estaban pagando rentas antiguas, encontraron en sus buzones una carta de aviso y comenzaron a recibir la visita de representantes de la sociedad propietaria, Inversión en Proindivisos S.L., con dos propuestas bajo el brazo: o se marchaban ya con 2.000 euros o al mes del cumplimiento de su contrato debían irse de cualquier manera, según publica eldiario.es.  

La ley permite no renovarles el contrato y echarles de la vivienda. Algunas vecinas y familias se fueron. Otras decidieron quedarse y luchar hasta el final: treinta familias, con muchos niños y niñas y personas mayores. Actualmente están pagando entre 100 y 370 euros, y los vecinos más nuevos alrededor de 800 euros. Y es que este fondo buitre tiene la intención de subirles el precio del alquiler un 150%, algo que ninguna puede asumir, según informa ABC. Su propósito es que no quede nadie y rehabilitar el edificio para poder alquilar a los precios abusivos actuales.

La resistencia de estos vecinos y vecinas, liderados por Teresa, de 68 años, se puede vivir cada día al paso por la calle Argumosa: pancartas en la fachada, y pequeñas manifestaciones contra este acoso. Apoyados por el Sindicato de inquilinas e inquilinos de Madrid, aguantan como pueden mientras ven cómo las puertas de las casas de al lado se tapian con ladrillos porque sus vecinos y vecinas se han ido. Es el claro reflejo de cómo el negocio inmobiliario y la gentrificación está acabando con la vida vecinal y comunitaria de muchos barrios. Este nuevo fenómeno de cambiar los barrios de toda la vida por otros más modernos, a sus vecinos y vecinas por turistas, es un fenómeno global que se está dando en muchas ciudades a nivel nacional e internacional. A la par surgen, la resistencia y las movilizaciones por evitarlo, en este caso, Lavapiés lleva más de un año movilizándose contra esta realidad, igual que muchos otros.

Es la batalla entre David y Goliat, donde la fuerza de estos hombres y mujeres queda reflejada en femenino en sus gritos y pancartas.

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