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4 de cada 10 encuestados afirman haber sido acosados sexualmente por personal académico de la universidad. La mayoría no denuncian los hechos.

La prestigiosa revista Nature publica los resultados del primer estudio sobre la conducta sexual no adecuada del personal académico del Reino Unido. La encuesta se llevó a cabo en noviembre del 2017 por parte de la NUS (Unión Nacional de Estudiantes) y el The 1752 Group (organización que lucha para acabar con el acoso sexual en la educación superior). Se aplicó a 1.840 estudiantes, chicos y chicas, de todos los niveles educativos y hasta antiguos alumnos. Los resultados muestran que el 41% de los y las alumnas encuestadas reconoció haber experimentado, por parte del personal académico de la universidad, algún tipo de mala conducta, desde comentarios inapropiados, a tocamientos no deseados o situaciones de acoso.

El porcentaje del estudiantado que en algún momento se lo ha contado a alguien, no alcanza el 10%, e incluye sobretodo alumnado de posgrado, que resulta tener más probabilidad de romper su silencio que el alumnado de pregrado. Además, el 5% de las personas encuestadas han afirmado conocer a alguien que ha sufrido acoso sexual. La mayoría de las víctimas son mujeres, aunque también hay casos de hombres que son víctimas, y son todavía menos los que se atreven a denunciar.  

Diferentes organizaciones, como la misma Universities UK (la asociación de las universidades británicas) han contestado frente a la realidad de la encuesta, reconociendo el problema y la necesidad tanto de medidas así como de su eficiente implementación, contando con un compromiso en el liderazgo de las instituciones académicas.  

En el Reino Unido, las universidades están implementando mecanismos para plantar cara a estos problemas y dar respuesta a las quejas que van llegando, como afirma Anna Bull, una de las investigadoras de este estudio. La noticia de Nature también incluye la voz de investigadoras estadounidenses, como Erika Marín-Spiotta, biogeoquímica de la Universidad de Wisconsin-Madison que lidera una gran iniciativa para desarrollar estrategias en su país que aborden el acoso sexual en entornos científicos. Erika afirma no sorprenderse de los hallazgos de este informe, ya que en la universidad este problema se conoce, y los datos ayudan a que se reconozca y se implementan medidas.

Estos datos cuantitativos llegan en un momento histórico clave, cuando en los diferentes lugares del mundo, y en múltiples ámbitos sociales, se evidencia la necesidad de abordar el acoso, asumiendo compromisos, dando apoyo a las víctimas y estando siempre de su lado, siendo bystanders activos, para combatir esta lacra.

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