Ayer, día Mundial de la Salud, la OMS remarcaba que “todo el mundo tiene un papel que desempeñar” para alcanzar el acceso universal a la sanidad. Un mensaje al que María del Mar García Calvente añade  que las mujeres también.  Pues, tal y como demuestra la experta en salud pública en el artículo que publica en SINC, aún hoy la desigualdad de género es una realidad en la investigación en salud pública. Evidenciando como la brecha de género sigue siendo desproporcionadamente alta en este campo, aún teniendo en cuenta la elevada proporción de mujeres que ingresan en al universidad. 

La investigadora, quien es  doctora en Medicina y especialista en salud pública,  un mes después de un histórico 8 de Marzo, apunta que es necesario identificar actuaciones que eliminen la desigualdad. Pues tal y como queda documentado en su artículo, en la Unión Europea sólo en 8 de los 28 países poseen un 40% de mujeres investigadoras. Como remarca, también reciben menor reconocimiento.  Un fenómeno, al que ya le puso nombre Margaret Rossitter en 1993, efecto Matilda, conocido como la existencia de prejuicios al reconocimiento de los logros de las mujeres científicas, cuyo trabajo a menudo se atribuye a sus colegas masculinos. En este momento se le llamó así por ir muy en consonancia con lo que en ciencias sociales se conoce como efecto Mateo, atribuido en 1968 por el sociólogo Robert Merton.

Como bien documenta, aunque en España ha habido una ligera mejoría en los últimos 10 años, existe una infrarrepresentación de las mujeres  en puesto de liderazgo científico y una segregación horizontal en cuanto a los roles asignados. También hay brechas de género en la solicitud, concesión y financiación de proyectos de investigación en salud. Por ejemplo, los proyectos liderados por hombres tuvieron un 30% más de probabilidad de obtener financiación de los liderados por mujeres. También indica en su análisis los tres momentos más críticos que condicionan la existencia de desigualdades de género en la carrera investigadora: la elección de estudios, fuertemente marcada por estereotipos sexistas; “la hora punta” o el estadio temprano de la carrera profesional marcada por los conflictos entre las demandas familiares y profesionales; y, el avance en al carrera profesional hacia puestos de excelencia, donde persisten las desigualdades de género.

Ante esta realidad, reivindica la necesidad de que la comunidad científica ponga en marcha actuaciones que eliminen las causas que producen esta desigualdad, porque como señala tanto en salud como en investigación todo el mundo tiene un papel que desempeñar, y las mujeres también. 

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