Cèlia Mallafré

En un mundo cambiante son frecuentes las preguntas “¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?”. Estas cuestiones, muchas veces relacionadas con la antropología y la historia, se pueden conectar también con la arquitectura.

La arquitectura ha mirado al pasado y ha pensado en el futuro constantemente. Han sido frecuentes las corrientes arquitectónicas que han imitado formas y estilos utilizados en otros tiempos. Estas arquitecturas y miradas, sin embargo, han omitido muchas veces la admiración y respeto a la arquitectura tradicional. Este hecho pone en peligro, en concreto, a la arquitectura relacionada con el mundo agrario. Se trata de la arquitectura transmitida de generación en generación que resolvía las necesidades del trabajar en el campo y resguardar el ganado y las personas.

El cambio de maquinaria agrícola y la falta de relevo generacional en los trabajos agrícolas hacen que esta arquitectura caiga en desuso y, por la tanto, que poquito a poco vaya desapareciendo.,

La piedra seca, concretamente, se trata de una de las técnicas constructivas más antiguas, que consiste en apilar piedras. Se construye sólo utilizando piedra, la piedra de la zona. Surge por la necesidad de cultivar, resguardar y controlar el ganado, almacenar agua, cazar y dar refugio a las personas que realizan estas tareas. Es, si no, casi, una de las técnicas más antiguas de la historia, presente en casi todos los sitios habitados que disponen de piedras para elaborar la construcción.

Esta técnica constructiva, que opta a candidatura como Bien de Interés Cultural Inmaterial por la  UNESCO, es una “arquitectura sin arquitectos”, por lo que no hay planos, ni manuales constructivos de los encargados de realizar estas construcciones.

Estas candidaturas influyen en poner en valor esta arquitectura pero no es suficiente. La semana pasada participé en un congreso sobre la piedra seca y me impactó que la mayoría de ponientes era gente mayor. ¿Dónde están las nuevas generaciones interesadas en este patrimonio tradicional? ¿Al tratarse de una arquitectura popular y poco conocida, ya no interesa? Muchas fueron las dudas que se me plantearon y no las he pretendido resolver en estas líneas. Lo que pongo de manifiesto es que, aunque se han hecho y se hacen inventarios, congresos y estudios sobre la piedra seca, si las nuevas generaciones no se interesan por estas construcciones, que en muchos territorios definen y forman el paisaje, esta técnica tradicional que ha perdurado a lo largo de los siglos se perderá.

Es tarea de todos difundir y contribuir al buen uso y conservación de este patrimonio rural para poder responder siempre  a la pregunta “¿de dónde venimos?”.

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