A menudo, como familias, preparamos a nuestros hijos e hijas para que tengan éxito en diversos aspectos de sus vidas como los estudios, por ejemplo, pero ¿les guiamos en el amor, en cómo amar a otra persona y cómo ser amado? Según se publica en la Harvard Education Letter, las relaciones románticas exitosas en las que te apoyas y te sientes seguro, las que promueven la confianza, se correlacionan con salarios más altos, menos problemas de salud y gratificación en muchos ámbitos de la vida.

En esta misma línea, el informe 5 tips for Parents: Guiding Teens and Young Adults in Developing Healthy Romantic Relationships, que es parte de un proyecto de estudio de la Harvard Graduate School of Education, nos da la buena noticia de que como padres y madres podemos guiar a nuestros hijos e hijas para que desarrollen relaciones románticas saludables, e incluye conversaciones y modelos sobre relaciones sentimentales que les lleven a tener las mejores trayectorias de vida en todos los sentidos.

A menudo la educación sexual sí está presente en las conversaciones, pero los adolescentes echan de menos dialogar también sobre los valores profundos que guían en el amor. La falta de diálogo sobre el romanticismo en los hogares, y también en las escuelas, crea un vacío peligroso, al quedar sujetos en muchos casos a la influencia de los medios, cuyas imágenes sobre el amor están causando un daño incluso superior a las imágenes de violencia. El estudio muestra muy significativamente que una gran mayoría de los jóvenes expresan que desean profundizar sobre las relaciones románticas.

Ante este desafío, las familias nos podemos sentir inseguras, bien porque no sabemos qué decir o bien por pensar que hemos fracasado en nuestras propias relaciones… Sin embargo, no se trata de tener todas las respuestas. Lo que sí que es necesario es reflexionar y hablar con otras personas adultas que nos merecen respeto y confianza sobre nuestras relaciones pasadas para ser conscientes del impacto que han tenido en nuestras propias vulnerabilidades, esperanzas, y conceptos erróneos sobre el amor. Si hacemos este trabajo, podremos mantener conversaciones sinceras y maravillosas que guíen a los jóvenes, enriqueciendo enormemente nuestra relación con ellos y ellas e incluso nuestras propias relaciones románticas.

Este informe presenta 5 ideas a la hora de afrontar estas conversaciones.

  1. Sé un filósofo romántico. A través de la propia socialización de los medios de comunicación, hay una gran confusión sobre el amor en nuestra cultura. Los jóvenes pueden pensar que están enamorados de alguien porque no pueden dejar de pensar en él o ella. Pero podemos probar a hacerles preguntas que profundicen sobre a qué se refieren cuando dicen que están enamorad@s, qué sentimientos intensos hay hacia la otra persona que los pueda llevar a relaciones sentimentales saludables o no saludables. Por ejemplo: ¿te sientes atraído por alguien porque es amable, generoso y honesto? o ¿sientes atracción por alguien que es esquivo, inalcanzable o te maltrata de alguna manera?, ¿cuándo sientes más atracción, cuando la persona muestra más o muestra menos interés por ti? Son herramientas que les pueden ayudar a diferenciar entre si están enamorad@s o “enganchad@s” de alguien, y pueden evitar que reproduzcan relaciones dañinas y reducir las probabilidades de iniciarlas.
  2. Habla sobre algunas pistas de las relaciones sanas y las no saludables. Muchos adolescentes pueden no saber si están en una relación sana o no, puesto que los modelos en las películas, series, etc. a menudo vinculan amor con violencia. Podemos probar a dialogar sobre ejemplos de relaciones que conocen, cuáles son perjudiciales y preguntarles el por qué y, si nuestro hijo o hija está en una relación, pensar con qué frecuencia esta relación les preocupa o deprime.
  3. Habla sobre las habilidades necesarias para mantener relaciones saludables. Las relaciones saludables incluyen la capacidad de comunicarse de forma honesta y efectiva para resolver problemas de forma conjunta, controlar el enfado y ser generoso. Se puede probar a hablar de ejemplos de relaciones románticas, cariñosas y vibrantes, que muestren cómo lidiar con los desafíos sin necesidad de gritos ni fuertes discusiones. Podemos encontrar ejemplos en la literatura, en las películas, incluso en tu propia experiencia.
  4. Compartir lecciones de las propias relaciones románticas. Adolescentes y jóvenes están a menudo muy interesados en nuestras experiencias. Podemos compartir estas lecciones y puntos de vista de forma apropiada a sus intereses y madurez. Por ejemplo, hablando de qué comportamientos o actitudes cambiarías si pudieras, si en alguna relación viste señales de advertencia o por el contrario las pasaste por alto. Nuestros puntos de vista les pueden dar modelos y pautas muy valiosos.
  5. Involucrarlos en cuestiones éticas unidas a las relaciones románticas y sexuales. Los análisis realizados indican que les preocupan cuestiones éticas unidas a las relaciones como, por ejemplo, qué hacer si un amigo engaña a su novia que también es su amiga, o si está justificado el delirio en cualquier circunstancia. Profundizar sobre estos temas les va a ayudar a aprender a razonar éticamente lidiando con lealtades contrarias y sobre los derechos humanos y la dignidad. Podemos probar a escuchar y después compartir nuestros propios sentimientos. Es muy importante tratar de resolver estas cuestiones de la manera más justa, honesta y afectuosa posible para todas las personas involucradas.

Como vemos, no se trata de darles la solución o de hablarles desde lo que les conviene o no, sino de generar diálogos sobre cuestiones profundas, vinculadas al amor romántico, que les van a dar herramientas necesarias para sentir atracción por quienes siempre les vayan a tratar bien, y prepararlos para que desarrollen sus mejores relaciones sanas y afectuosas que les conduzcan a una vida satisfactoria, larga y feliz.

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