Childline India Foundation

El teléfono de la Childline en India aparece en carteles y libros para que las niñas y los niños lo recuerden y puedan solicitar ayuda. Monika, de 13 años, cuando ya estaba vestida con el sari nupcial, el 4 de noviembre del año pasado, se decidió a llamar para tratar de detener su boda. Gracias a la intervención de Preeti Yadav, la mujer que contestó y cuya solidaridad la lleva a atender llamadas día y noche o cruzar toda la ciudad en moto para actuar en estos casos, consiguió evitar su matrimonio.

Monika cuenta para BBC que, cuando sus padres le anunciaron que le habían concertado el matrimonio, no opuso resistencia porque pretendía ser obediente. Habían acordado la unión con un chico de 22 años que vivía a unos 200 km del hogar familiar, en Churu. Su familia entendía que era la mejor manera de proporcionarle un futuro estable y, por otra parte, protegerla de la violencia que las mujeres viven en su zona. Su humildad y escasez de recursos les llevó a pensar que lo más económico era que la boda se celebrara el mismo día en que también casaban a otra hija, mayor que Monika. Pero ella se dio cuenta de que era muy joven y que lo que realmente quería era seguir yendo a la escuela y estudiar para llegar a ser maestra y acabó manifestando a sus padres su negativa a casarse.

Lakshmi Sundaram, de Girls, Not Brides, opina que el papel de las escuelas en las zonas rurales es muy importante como factor de protección porque, cuando una niña estudia, la comunidad entiende que ha de finalizar su preparación. Eso sí, una vez finalizan los estudios, se da por hecho que han de casarse. Según los expertos, el trabajo de los líderes religiosos y tribales en este sentido, también es determinante.

India, uno de los países donde mayor número de bodas de niñas se practicaban, según UNICEF prohibió el matrimonio infantil en 2006 y, aunque sigue muy extendido, ya se aprecian algunos cambios como la reducción del 50% al 30% del riesgo a ser casada antes de los 18 años, o el de la edad promedio, que ha pasado de ser entre 10 y 11 años, a serlo entre 14 y 15 años, según Arvind Ojha representante de Urmul Trust. Además, historias como las de Monika, que espera que la repercusión mediática de su caso ayude a otras niñas, son signos de que la situación ha cambiado respecto a los últimos veinte años, constatándose así que la transformación sí es posible.

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