Aunque a priori suene a test de personalidad de alguna revista para público más joven, ¡esta afirmación se basa en evidencias científicas! Nuestro cerebro también se mueve al compás de la música, dotando a la persona que toca música de diferentes habilidades.

Un equipo del Instituto Max Planck de Neurociencia y Cognición Humana en Leipzig (Alemania) ha publicado recientemente en la revista NeuroImage los resultados de su investigación en el artículo Musical genre-dependent behavioural and EEG signatures of action planning. A comparison between classical and jazz pianists [Comportamiento musical dependiente del género y las firmas de EEG de la planificación de acción. Una comparación entre pianistas clásicos y de jazz].

La revista Investigación y Ciencia también se ha hecho eco del estudio alemán y describe cómo, en función de la música que se toca, el cerebro reacciona de una manera u otra. El desarrollo de determinadas áreas del cerebro de un pianista clásico es diferente del que puede tener un pianista de jazz. La explicación reside en el qué y cómo interpretar la música. Mientras cuando se toca jazz el músico debe estar preparado para “improvisar y adaptar su interpretación a armonías flexibles y sorprendentes” -el qué -, cuando se toca una pieza clásica, los músicos “se esmeran en interpretar la pieza con una técnica impecable y una expresión personal” – el cómo-.

Para llevar a cabo este descubrimiento se ha analizado a 30 pianistas, la mitad músicos de jazz y la otra mitad de música clásica. El ensayo consistía en dos pruebas: tocar un fragmento de música primero reproduciendo un “acorde inesperado” y segundo, enfrentándose a una “digitación inusual”.

Los resultados de la actividad de su cerebro se observaron con ayuda de una electroencefalografía (EEG). En la primera prueba, los pianistas de jazz demostraron más habilidades (más rapidez) delante de acordes inesperados, lo que implica que su cerebro puede modificar con mayor rapidez la planificación de los movimientos. En la segunda prueba, destacó la habilidad (más precisión) de los pianistas clásicos para una ejecución con mayor precisión ya que su cerebro es más activo y presta más atención ante notas con una digitación inusual.

Será interesante ver si este estudio se podrá extrapolar a otro tipo de ritmos para saber qué música puede beneficiar el desarrollo de ciertas habilidades cerebrales y así mejorar nuestra capacidad de atención, planificación o reacción, entre otras.

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