Con la llegada de las fiestas navideñas, comienza también la proliferación de fiestas como las del “Semáforo”, que surgieron hace algunos años, pero que en la actualidad siguen presentes entre los y las adolescentes. Se publicitan a través de las redes sociales y tienen como objeto la práctica de sexo casual. Los asistentes se colocan la pulsera de un color u otro en función de su predisposición para mantener una relación sexual. La roja significa que estás ocupado u ocupada, la naranja, que estás inmerso o inmersa en otra relación o que no lo tienes claro, y la verde, dispuesto o dispuesta a todo. En esta línea han ido surgiendo otro tipo de fiestas como las “ruletas sexuales” (en las que los jóvenes tienen relaciones de manera rápida y sin protección mientras bailan y aquel que eyacula primero, pierde) y las “fiestas arcoiris” (donde jóvenes de incluso 11, 12 y 13 años practican el sexo oral a desconocidos).

Estas fiestas resultan engañosas y perversas pues una gran parte se anuncian como fiestas light, además están disfrazadas de libertad sexual, aunque son realmente una tapadera para el  abuso y el sometimiento.

Como siempre ha ocurrido, el patriarcado toma múltiples formas, adaptándose a los nuevos tiempos y disfrazando sus tentáculos de libertad sexual. Aquella chica que decide llevar la pulsera verde, muchas veces por la presión social de su grupo de iguales o porque lleva tiempo sin tener una relación y se siente señalada por ello, parece la más lanzada, sin embargo es la que se tendrá que someter a los deseos de otros. Estas chicas corren el riesgo de sentirse obligadas a mantener relaciones indeseadas, se exponen a ser tocadas sin consentimiento bajo la vieja  excusa de lo que llevaban puesto.

Tras varios diálogos con algunas de las jóvenes que habían asistido a alguna de esas fiestas del semáforo, confesaban que a menudo se producían tocamientos no deseados:

–  De repente, estás con tus amigas y notas que te tocan por detrás,  o que se te arriman restregándote todo, cuando te giras, no sabes quién ha sido, hay tanta gente que no lo puedes saber.

Una de las jóvenes me preguntaba:

¿Dejarías a tu hija ir a una de esas fiestas?

 Yo le contesté:

Espero educarla para  que nunca lo desee.

No creo que se pueda ofrecer una alternativa solo generando mayor control sobre las redes sociales. Y quizá ahí tenemos la clave, la que nos da la literatura científica, una educación libre de violencia, basada en el deseo hacia modelos alternativos e igualitarios,  capaces de divertirse  y excitarse  una o mil noches, pero disfrutando de relaciones que unan amor, amistad y pasión. Relaciones basadas en la elección con verdadera libertad, esa libertad que te hace vivir intensamente, que te hace sentir segura y guapa para poder elegir aquello que deseas hacer o no, en cualquier situación.

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