(FOTO: DFID. UK Department for International Development)

La situación de desprotección en la que se encuentran las mujeres en algunas zonas de la aldea global es desgarradora. En Benín un alto porcentaje de niñas son víctimas de diversos tipos de abuso y violencia. Según datos proporcionados por UNICEF  4 de cada 10 jóvenes fueron forzadas a contraer matrimonio antes de los 18 años y 1 de cada 3 antes de los 15 en los países del oeste del continente africano. Víctimas de secuestros para la trata, de abusos sexuales con embarazos no deseados, muchas menores huyen buscando un refugio ya que generalmente sus familias las echan de sus casas si no es algún miembro el que abusa de ellas.

 

Aunque en los últimos años el Gobierno ha llevado a cabo acciones dirigidas a reforzar la protección del menor, como reformar la legislación o crear nuevas estructuras como los Comités Locales de Lucha Contra la Trata Infantil, la labor que realizan gran cantidad de entidades religiosas y organizaciones civiles en lo que han denominado Red de Estructuras de Protección de la Infancia en Situación Difícil (RESPESD), es crucial por el impacto de sus resultados. Uno de estos ejemplos puede ser el de las misiones salesianas de Don Bosco que cuentan con casas de acogida como la maison du Soleil o de formación como la maison de l’Espérance a través de las cuales ofrecen asilo y protección a las jóvenes una vez que consiguen ingresar y posteriormente, trabajan por transformar sus vidas. Allí se les proporciona la atención médica, psicológica, jurídica y social que puedan necesitar para reenfocar su situación así como una formación a través de la que aprenden un oficio a lo largo de 9 meses. Todo ello lo consiguen gracias a una extensa red de colaboraciones con otros servicios como los centros médicos, la Oficina Central del Menor u otras ONGs locales, así como algunas de las chicas que vuelven puntualmente para contar su experiencia y dar aliento a las internas.

 

Gracias a esta participación de la comunidad local e internacional, las jóvenes que sufren esta violencia llegan a superarla; como supervivientes, además, salen adelante valiéndose por sí mismas, y en muchos casos se integran en esta red solidaria para ayudar a otras víctimas.

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