Nacida en 1776, la parisina Sophie Germain ha sido una de las grandes referentes en el campo de las matemáticas. Su entusiasmo por esta área viene influenciada por los libros de la biblioteca de su padre, comerciante y representante de los Estados Generales en 1789. En ese mismo año, el conflicto social y político de la Revolución Francesa hizo que Germain se refugiara del caos del exterior leyendo libros sin cesar hasta que descubrió en una obra histórica la muerte del matemático Arquímedes, la cual cosa le fascinó.

Su entusiasmo le llevó a decidir aprender latín y griego para leer obras de científicos como Leonhard Euler e Isaac Newton. Cuando en 1794 nace la Escuela Politécnica de París, Germain no duda en inscribirse bajo el nombre falso Antoine-August Le Blanc, puesto que solo estaba permitido el acceso a hombres. Ella podía seguir los cursos por las notas de clase y los alumnos de la escuela podían enviar a sus profesores distintas observaciones. Joseph Louis Lagrange es con el primer matemático con quien se escribió. Lagrange quedó fascinado por sus aportaciones de modo que la alentó a reunirse con él para colaborar juntos en sus trabajos.

“Monsieur Le Blanc” se presentó y cuando Lagrange descubrió su identidad de mujer decidió valorarla aún más por sus valiosas observaciones y comentarios en un mundo en que la mujer no tenía acceso a ese nivel de formación. Otro matemático con el que colaboró estrechamente a través de cartas fue con Carl Friedrich Gauss quien al conocer su verdadera identidad le escribió:

“Pero cómo describir mi admiración y asombro al ver que mi estimado corresponsal Sr. Le Blanc se metamorfosea […] cuando una persona del sexo que, según nuestras costumbres y prejuicios, debe encontrar muchísimas más dificultades que los hombres para familiarizarse con estos espinosos estudios, y sin embargo tiene éxito al sortear los obstáculos y penetrar en las zonas más oscuras de ellos, entonces sin duda esa persona debe tener el valor más noble, el talento más extraordinario y un genio superior.”

Pese al apoyo de grandes referentes en el campo matemático, Germain no siempre obtuvo el reconocimiento que mereció por parte de sus colegas de profesión y, de hecho, algunos de ellos publicaron sus trabajos sin agradecer las orientaciones y aportaciones de Germain. Su condición de mujer supuso no tener oportunidad de formarse en el área matemática pero eso no la detuvo. Movida por sus sueños, construyendo y amando su día a día hace que, además de ser referente en el campo de las matemáticas, Germain se convierta también en referente para cualquier mujer.

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