En 2014, dos adolescentes italianas de 14 y 15 años fueron explotadas sexualmente en Roma. Al menos cuarenta hombres pagaron, cómplices con el abuso y la explotación sexual comercial de las menores. Ocho proxenetas fueron detenidos y condenados a penas de hasta diez años de cárcel; la madre de una de las adolescentes estuvo involucrada en la explotación.

Recientemente, Netflix ha estrenado una serie inspirada en estos hechos titulada “Baby”, que ha sido denunciada por la organización contra la trata de menores más importante de EE. UU., National Center on Sexual Exploitation (NCOSE) por trivializar la explotación sexual de estas menores. La directora ejecutiva de NCOSE, Dawn Hawkins, ha declarado al periódico USA Today que  Netflix promueve la trata con fines de explotación sexual al insistir en transmitir “Baby”;  claramente, Netflix está priorizando las ganancias económicas sobre las víctimas de abuso.

Como se ha destacado en artículos previos, no existe la “prostitución de menores”. La legislación internacional y el código penal español son claros al respecto: los y las menores de 18 años siempre serán consideradas víctimas de trata con fines de explotación sexual, sin importar los supuestos que les acercaron a la trata ni su consentimiento. La serie oculta la extrema gravedad de los hechos que sufrieron estas adolescentes. Presentar la explotación sexual como glamurosa refuerza un discurso social coercitivo que dificulta la prevención de la trata, sitúa en el poder a los violentos y provoca indiferencia en lugar de solidaridad hacia las supervivientes de la misma, multiplicando un silencio social cómplice que solo favorece al proxenetismo.   

La puesta en escena de la serie de Netflix recuerda al argumento morboso, conservador y rancio de la novela Lolita de Vladimir Nabokov. Casi sesenta años después, cuando la ola del movimiento feminista de denuncia contra el acoso sexual y la violencia irrumpe con más fuerza que nunca, algunos medios insisten en vendernos como erótico y liberador el abuso sexual de menores, con las implicaciones que tiene para los y las adolescentes.

Afortunadamente, la reacción social por parte de supervivientes de trata, personas expertas investigadoras, activistas y feministas  ha sido contundente desde el anuncio del lanzamiento de la serie a comienzos de 2018. Somos muchas las personas críticas que no compramos este discurso. Tú también puedes movilizarte y hacer llegar a Netflix tu rechazo ante la banalización de la violencia y la explotación sexual de menores. 

 

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