Recuperando el discurso de ingreso del doctor Joan-Ramon Laporte como miembro de la sección de Ciencias Biológicas del Institut d’Estudis Catalans (IEC), nos preguntamos hasta que punto somos conscientes de lo que tomamos cuando estamos enfermos, o así lo suponemos.

El doctor Laporte, catedrático de farmacología de la UAB, es de sobra conocido como experto en el estudio de los efectos adversos que pueden producirnos los medicamentos. En su disertación en el IEC, el 26 de mayo de 2016, nos alertó sobre el consumo excesivo de medicinas. Lo cierto es que, se calcula que la mitad de los fármacos que se toman son innecesarios, disfunción que cuando se une a la poli-medicación suele derivar en diversas patologías.

Es obvio que en la industria farmacéutica se encuentra el eje alrededor del cual gira el itinerario que va de la investigación a las recetas y al consumo. Expone el doctor Laporte que, a partir de los años 90 del pasado siglo, la legislación sobre patentes, así como la regulación internacional farmacéutica han conllevado la promoción comercial de medicamentos, en particular de los específicos más caros. En consecuencia, una salvaguarda consistiría en la fármaco-vigilancia, traducida en evaluación, conocimiento y prevención de los posibles efectos negativos de ciertas medicinas.

Por lo demás, sostiene el doctor que no existen dos personas iguales, de manera que a igual dosis e igual fármaco la variabilidad es moneda corriente. Así pues, resulta aconsejable un uso más prudente de los medicamentos, más ajustado a cada paciente e incluso al contexto social en que se halle.

Cabe concluir que, proviniendo la enfermedad, o el simple malestar, no solo del cuerpo sino también, e indisolublemente, de la mente y del ambiente, una utilización más adecuada de la medicación salvaguardaría nuestra salud, en primer lugar, tanto como la fortaleza del sistema sanitario público que nos ampara.   

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