Un paso hacia adelante el de India al decretar que el adulterio no es un crimen. Había venido siéndolo desde hace 158 años y hasta ahora, cuando el Tribunal Supremo ha despenalizado las relaciones extramatrimoniales. Las y los adúlteros podían ser penados con hasta cinco años de prisión, viniendo a resultar, a fin de cuenta, que las mayormente castigadas eran las mujeres, como suele ocurrir.

El país asiático parece que se ha puesto las pilas camino de la modernidad, siendo así que desde hace unos días las relaciones homosexuales se han convertido en legales. En este caso, se ha puesto fin a una persecución ejercida a lo largo de 146 años. ¡Cuántos padecimientos sufridos por varias generaciones!… Obligadas a torcer su tendencia sexual, sometidas al disimulo, a la hipocresía.

Sin embargo, lo importante será comprobar que las nuevas leyes se hacen efectivas, se cumplen. No vaya a suceder al igual que con el régimen de castas, abolido desde 1950 y no obstante todavía dolorosamente presente. Ya Gandhi abominaba de semejante discriminación, y es cierto que medio siglo más tarde existen en el Parlamento cuotas reservadas a las castas.  Empero, la sociedad india aún no ha dado un giro firme hacia la igualdad entre las personas, teniendo la mentalidad prisionera de formas arcaicas

Dado que el hinduismo condena tanto el adulterio como la homosexualidad, solo la efectiva separación entre Estado y religión garantiza que se pueda avanzar en los derechos sociales, cualesquiera de los que se trate. También el sexto mandamiento del cristianismo, en el catálogo de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios, juzga que son pecado “los actos impuros”. Por fortuna, hace tiempo que entre los cristianos no existen las teocracias. Que un país como India se vaya sacudiendo la rémora de las creencias es una buena noticia, aunque el proceso pueda resultar lento.

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