Otro de los cambios que el equipo rectoral de la UB exigió al centro de investigación que rompió el silencio sobre la violencia de género fue suprimir los tiques de menú de que disponían todas las personas que tenían becas FPU o FI (es decir, del gobierno español o del gobierno catalán) o un sueldo equivalente. En aquella época, en los comedores de las facultades en que trabajaban, mientras el profesorado estabilizado estaba con su menú, las personas becarias estaban comiendo un bocadillo que no podían traer de casa, puesto que en esos comedores solo se podía consumir lo que allá se compraba, que no tenía precisamente una buena relación calidad precio.

Ese centro de investigación reivindicó desde su inicio que esa situación cambiara y que en el comedor de una universidad pública se tenía que poder consumir lo que cada uno quisiera, comprándolo allí o trayéndolo en un táper. Como había intereses que iban a hacer que esa conquista tardara años, ese centro de investigación, que compartía los valores de igualdad y libertad, decidió que todo el mundo que quisiera tenía derecho a comer el menú y proveyó de tiques para que resultara gratuito a quienes tuvieran menos sueldo. Para financiar esa medida algunas de las personas del centro que tenían sueldos más altos de las universidades y que impartían más conferencias remuneradas pedían con frecuencia que el pago de esas conferencias, formaciones e informes se hiciera al centro y no lo recibieran individualmente. Esa solidaridad ayudó a crear un ambiente muy igualitario que mejoró todavía más el “buen rollo”.

A los acosadores sexuales esa situación les daba una rabia inmensa porque sabían que sus potenciales víctimas eran más débiles aisladas y más fuertes si tenían buenas relaciones con otras personas. Se propusieron destruir ese, según ellos, igualitarismo mal entendido que se podía contagiar a otros grupos. Lanzaron todo tipo de calumnias con ese objetivo y lograron la colaboración de parte del profesorado feudal de otros grupos de investigación que no hacían ni querían hacer lo mismo, y que se tomaron esa medida como insultante, y también de otros a quienes les daba envidia no tener el mismo ambiente. Una de sus mentiras era que se obligaba a ese profesorado solidario a no cobrar individualmente algunas de sus actividades, cuando en realidad algunas personas lo hacían, otras no, y no había ningún problema. Otra mentira era que ese tique gratuito tenía el objetivo de obligar a comer juntos a los becarios, cuando en realidad cada persona en la comida y en su tiempo libre ha hecho siempre lo que quiere en ese centro que ha sido defensor de las libertades individuales en un ambiente universitario muy feudal.

La prohibición de los tiques de menú gratuitos no fue generalizada a toda la universidad. Había en aquella época altos cargos de la misma que tenían comidas gratis fuera de la universidad, mucho más caras, sufragadas en parte con los overheads de proyectos de investigación de este y otros centros. La prohibición fue solo a este centro, con lo cual el equipo rectoral daba validez a las mentiras y además intentaba inútilmente estropear el buen ambiente del centro. Nunca más ha habido tiques de menú. Ahora ya no importa tanto porque se ha logrado que se pueda llevar cada persona su táper, pero durante unos años eso causó un evidente perjuicio al personal becario.

Todavía da rabia a algún profesorado el ambiente que se ve en el comedor entre las personas de ese centro de investigación gracias, entre otras cosas, al máximo respeto y defensa de las libertades individuales de cada una. Además, ya se ha producido el “contagio” que tanto temían los acosadores, facilitado en parte porque ahora se puede llevar táper y se ven ya personas de un mismo grupo de investigación comiendo juntas, unas con menú y otras con la comida que han traído de casa y ambas con la misma calidad.

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