Hay países en los que la gestación subrogada es legal como cualquier otro negocio, porque de eso se trata. Aunque a menudo se quiera disfrazar de gesto altruista por parte de la mujer que cede su útero para satisfacción de otras personas, siempre existe una compensación monetaria. ¡Faltaría más!… No parece normal que alguien se sacrifique por nada en favor de gente desconocida, porque de eso se trataría, de un sacrificio. Por los nueve meses de gestación, por el parto siempre con dolor y con innegable riesgo, por la renuncia del ser que se ha llevado dentro. Un sacrificio sin resarcimiento que, por añadidura, solo podrían hacer las mujeres, tanto por su anatomía como por su mayor y probada capacidad de consagración a los demás.

Lo que en Estados Unidos, Ucrania, India y otros lugares es moneda común, se está discutiendo actualmente en España. Opiniones a favor y en contra de la legalización ejercen sus respectivas presiones, y en poco tiempo sabremos si las parejas que deseen tener un hijo propio gracias al vientre de otra mujer tendrán que seguir lográndolo a través de agencias registradas en el extranjero o lo tendrán mucho más fácil al lado de casa.

Dos posibles reflexiones sobre el asunto. ¿Por qué se da tanta importancia a la transmisión de los genes? Cuando no es dable que una mujer engendre pero se anhela un hijo a quien amar y cuidar, valga tener en cuenta la gran cantidad de niños y niñas que aguardan a ser adoptados. Así de sencillo, tal como lo demuestran los muchos adoptantes.  ¿Acaso nuestros genes son mejores que los de otras personas, garantizan que nuestros hijos serán magníficos y jamás se torcerán?

La otra reflexión atañe a la constatación de que nada existe en el mundo tan útil como una mujer. A lo largo de los siglos ha sido comprada como esclava, sierva, mano de obra casera o asalariada. Mente y cuerpo aprovechados, con pago monetario o sin él. Ahora, los avances médicos permiten un nuevo uso, su útero. Un sector a añadir al mercado laboral y reservado solo a ellas.

 

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