Recientes exposiciones en Barcelona y Madrid nos han permitido conocer la faceta artística de William Morris. Artes decorativas exquisitas complementando la personalidad del autor de un libro que no pierde vigencia, al igual que ninguna otra utopía dado que el ansia de un mundo mejor jamás podrá ser desechada. El pintor, decorador, poeta y novelista inglés publicó Noticias de ninguna parte en 1891, y en la lectura actual del libro descubrimos ingenuidades junto a interpretaciones político/sociales aún aplicables, desafortunadamente.

No cabe duda de que Morris bebió del marxismo al urdir la sociedad utópica que describe en sus páginas. La abolición de la propiedad, el trabajo por placer, la ausencia del castigo hacen de los habitantes de aquella región unos seres tan felices que, además, todos son muy bellos, tanto mujeres como hombres. Aquí hallaríamos una muestra de ingenuidad.  Por el contrario, en otros párrafos nos encontramos con observaciones relativas a la época anterior a la transformación que nos obligan a recapacitar.

Escribe: “Era el Parlamento, de una parte, algo así como un Comité de vigilancia encargado de que los intereses de las clases superiores no sufrieran daños, y al propio tiempo, una especie de máscara para engañar al pueblo haciéndole creer que tenía una parte en la administración de los negocios”. ¡Et voilà!…

También advierte que, “si había algo que hacían perfectamente eran las máquinas destinadas a la fabricación de objetos. Puede decirse que toda la pericia se empleaba en la fabricación de máquinas, maravillas de inventiva, de habilidad y de hacienda utilizadas para la producción desmesurada de objetos inútiles y despreciables. Los dueños de las máquinas no consideraban los productos que fabricaban como objetos útiles sino como medios de enriquecerse. La única utilidad de los productos era que tuvieran compradores, inteligentes o estúpidos poco importaba”. ¡Et voilà!…, de nuevo.

Si el William Morris artístico ha merecido sendas exposiciones, seguramente la obra del escritor también merece ser visitada.



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