El omertá 14 dijo y anunció que seguirían otros de esos cambios. En este omertá explicamos que otro cambio que se pidió fue la prohibición de que hubiera miembros de CREA trabajando en fines de semana. En su día, una carta de la vicedirectora de CREA al Rector preguntó si eso incluía la prohibición de asistencia a las reuniones de investigaciones científicas europeas cuando tenían lugar fuera del horario lectivo.

El viernes, del pasado 17 de agosto, cuatro miembros de CREA recibieron la aceptación condicionada de un artículo en PLOS ONE, la revista de acceso abierto más importante del mundo y sin ánimo de lucro de la Public Library of Science. La condición era hacer unos cambios y enviarlos el lunes 20 de agosto. La única posibilidad era dedicarse intensamente a trabajar para hacerlos durante ese fin de semana de ese mediados de agosto. Y ahora ya está publicado. Esta es una práctica habitual en la comunidad científica internacional y en los niveles más altos de la misma, como es el caso de esta revista. Muchas personas de CREA hemos realizado doctorados y postdoctorados en las mejores universidades del mundo y a veces hemos ido a trabajar en sábados y domingos encontrándonos no solo la universidad abierta sino profesorado de muchísimo prestigio científico trabajando.

La carta de la vicedirectora nunca obtuvo respuesta del entonces Rector. Alguien quizás podría pensar que fue por miedo a dejar por escrito un despropósito como ese que perjudica claramente a la ciencia, al país, a la Universidad de Barcelona. De hecho, si ya se ha desprestigiado mucho internacionalmente nuestra universidad por haber eliminado un código ético precursor que se había aprobado sin problemas precisamente cuando incluyó el rechazo a la violencia de género (ver omertá 14), todavía se hubiera aumentado más ese problema dejando claramente por escrito la no posibilidad de participación en esas reuniones científicas internacionales. Tampoco podían decir que se obligaba a alguna persona remunerada por CREA a trabajar fuera del horario establecido en su contrato porque, aunque esta era una práctica muy frecuente en otros grupos de investigación de aquella época, nunca se había hecho ni una sola vez en un centro de investigación como el nuestro que cuenta entre sus miembros a personas que incluso han presidido comités de empresa.

Hay quienes piensan que la razón real de esos dos cambios tenía que ver con un objetivo que no se escribía oficialmente, pero que los acosadores sexuales habían conseguido que se dijera mucho en los pasillos: hay que destruir el CREA. Evidentemente, impedir nuestro compromiso ético contra la violencia machista y prohibir el funcionamiento productivo habitual de la comunidad científica internacional hubiera destruido nuestro centro de investigación. Pero, tal como dijo nuestro entonces director a ese Rector, eso no lo íbamos a hacer. Le dijo con toda claridad que, aunque nos hicieran quitar ese código ético, seguiríamos apoyando a todas las víctimas y lograríamos que todas las universidades tuvieran obligación de crear comisiones de igualdad. Y también le dijo que, si no nos lo prohibían explícitamente por escrito, quienes quisiéramos, ejerceríamos nuestra libertad de trabajar cuando científicamente fuera necesario.  

Así lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo.

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