La acidificación de los océanos es una problemática ambiental cada vez más preocupante, entre otras cosas porque su tasa actual es 10 veces superior a la de cualquier otro momento en los últimos 55 millones de años. Este fenómeno se produce debido a la inmensa capacidad de los océanos de captar el CO2 de la atmósfera, lo que provoca que la concentración de dióxido de carbono de los océanos sea 60 veces mayor que la del aire. El dióxido de carbono que entra en contacto con el agua reacciona, formando ácido carbónico, que aumenta la acidez del medio marino. A consecuencia de este descenso del pH, el fitoplancton, los arrecifes de coral y los moluscos que sirven de base para las cadenas alimentarias ven reducida la concentración del carbonato de calcio que necesitan, entre muchas cosas, para la construcción de los exoesqueletos. Además, muchos organismos marinos tienen más dificultades para llevar a cabo sus procesos metabólicos en medios que obstaculizan la alimentación, la respiración y la reproducción de distintas especies.

Por supuesto, la única forma efectiva de contrarrestar esta acidificación es reduciendo las emisiones de CO2, adoptando las medidas pactadas en el Acuerdo de París de 2016. No obstante, un  estudio recientemente publicado en Ecological Applications evidencia la eficacia de las algas de la costa de California para mitigar el efecto de la acidificación. El estudio se ha llevado a cabo mediante la simulación por ordenador que combinaba parámetros como la actividad fotosintética, la profundidad del agua, la cantidad de algas o las corrientes submarinas.

Los resultados predicen que estas algas serían capaces de compensar los niveles de acidificación unas décadas respecto a los más de 150 años de proceso de acidificación. Aun así, el equipo de investigación se muestra optimista y afirma que, aunque los resultados indican que las algas “no ofrecen amortiguación a largo plazo para combatir la acidificación de los océanos, su papel como hábitat de organismos marinos, protección contra el aumento del nivel del mar e imanes de la biodiversidad debería ser motivo más que suficiente para restaurar y proteger estos ecosistemas icónicos”.

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