Amanece el 19 de agosto, Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, y con él un motivo para reflexionar sobre la situación de las niñas en los estados de conflicto, desastres o desplazamientos, al dar a conocer el vínculo entre matrimonio infantil y crisis humanitaria. Junto con cifras como que cada año doce millones de niñas son casadas antes de cumplir los 18 años, casi una niña cada dos segundos, muestran una realidad que urge cambiar, y permitir que todas las niñas puedan alcanzar su potencial.  

Así se hace eco la prensa, mostrando la necesidad de más acciones para proteger a las niñas, ante evidencias que demuestran cómo las adolescentes son más vulnerables al matrimonio infantil en las emergencias humanitarias. En verdad, nueve de los diez países con mayores tasas de matrimonio infantil son estados frágiles o extremadamente frágiles.

Es el caso de Bangladesh que ante la extrema pobreza debida a catástrofes como las inundaciones o erosión de los ríos, se considera el matrimonio de las hijas como una estrategia de supervivencia. O, el norte de Camerún y Nigeria, donde las familias extremadamente pobres que viven en campos de refugiados o desplazados internos están supuestamente más dispuestas a casar a sus hijas debido a la falta de alternativas o la desaparición de sus redes sociales. Entre 2011 y 2014 se triplicó el matrimonio infantil en los campos de refugiados de sirios en Jordania, se cree, porque ante la falta de seguridad de las niñas los familiares lo consideran una salida.

Pero, pese a que la intención de las familias es salvaguardar a sus hijas, la realidad es que el matrimonio es una barrera a su recuperación, al ponerlas en mayor peligro por estar expuestas a una mayor violencia machista, apartarlas de la educación o ver sufrir su salud sin conseguir salir del círculo de la pobreza.

Ante esta realidad, los sectores humanitarios y de desarrollo han empezado a incluir a las adolescentes en sus respuesta a las crisis, pero no lo suficiente. Es por esto que desde Girls not Brides, se reclaman las siguientes acciones:

  1. Reconocer el matrimonio infantil como una cuestión crítica en todo momento, incluidos los conflictos, los desastres y los desplazamientos.   
  2. Evitar el matrimonio infantil y apoyar a las adolescentes en cualquier respuesta humanitaria. Atender las necesidades básicas de las familias para que no vean en el matrimonio infantil una estrategia de supervivencia. Ofrecer educación a las chicas. Hacer de la seguridad una prioridad en los campos de refugiados o desplazados internos.
  3. Probar programas e investigar los motivos que impulsan al matrimonio infantil con mejores datos, podemos elaborar intervenciones a la medida y entender lo que funciona y lo que no.
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