Oso en ek pirineo (Imagen de Piroscat)

Cuánto dinero cuesta la reintroducción de los osos, el mantenimiento y las indemnizaciones a los ganaderos perjudicados es un interrogante que parece pertinente. En medio de la polémica sobre si el oso Goiat en concreto ha de ser expulsado o no del Pirineo Catalán, las voces de ecologistas y granjeros se superponen sin que surja el consenso y, por lo demás, sin que se mencione el apartado relativo a los dispendios. Unos defienden el género ursus como fauna autóctona, víctima durante años de la depredación humana, mientras que los otros lo contemplan como un depredador de ganado.

Es probable que el oso Goiat sea desterrado de la Val d’Aran por haberse zampado potros, yeguas y corderos. Pese a que los osos son omnívoros, no cabe aspirar a que un mamífero tan enorme subsista solo con insectos, pequeños vertebrados, frutos o raíces. Hacerse de cuando en cuando con un buen pedazo de carne también responde a su instinto natural.

Aseguran los ecologistas que, después de dos décadas transcurridas desde la reintroducción de los osos en los Pirineos se demuestra que la convivencia entre estos y los seres humanos es factible. Efectivamente, no han devorado a ningún hombre, mujer, niño o niña, se han limitado a atacar rebaños. En compensación, los granjeros perjudicados reciben indemnizaciones, pero parece que esto no les compensa de forma satisfactoria. Ellos lo quieren fuera, en tanto que los ecologistas ponen el grito en el cielo y les reprochan que no actúen con precaución agrupando mejor el ganado.

Unos alegan que ya están hartos de carnívoros que consideran intrusos, los otros han iniciado la recogida de firmas en favor de mantener a Goiat en el lugar que consideran le corresponde. La situación se halla lejos de tender al equilibrio, mientras que persiste indeleble la pregunta apuntada al principio.

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