La película austríaca Clara Immerwahr, rodada en 2014 y emitida recientemente por TV3, recupera la memoria de una mujer excepcional. Lo fue en su tiempo (1870-1915), constituyendo además una muestra perdurable de talento, fortaleza, dignidad y buenos sentimientos. Dos vocablos unidos, estos últimos, que en la actualidad son poco enaltecidos. Cual si de una ñoñería se tratara, se huye de tenerlos en lo que valen.

Enfrentándose a los convencionalismos de su época, Immerwahr estudió química en la universidad de Breslau, obteniendo el doctorado en 1900, un grado a pesar del cual no le resultó fácil acceder a la investigación científica. Cierto, por lo demás, que no halló obstáculos por parte de su marido, el también químico Fritz Haber, con quien contrajo matrimonio en 1901.

Con el nacimiento de su único hijo, compaginó a duras penas su rol de madre con el de investigadora, trabajando en especial junto a Haber en la obtención de la síntesis del amoníaco. Antes de lograrlo, la Primera Guerra Mundial condujo a un vuelco en las relaciones conyugales. Fritz Haber no tardó en demostrar su ardor bélico desarrollando armas químicas para el ejército alemán, siendo uno de sus frutos el primer ataque con gas de la historia militar. Fue en las trincheras de Flandes, en 1915, donde los soldados murieron con la garganta y los pulmones cruelmente abrasados.

Clara Immerwahr, que ya había llevado a cabo actividades pacifistas sin obtener apenas soporte, aunque sí repudio, tomó una decisión categórica. Pudo haberse limitado a separarse de Haber, sin embargo, optó por abandonar a la vez la vida, el marido y el hijo disparándose un tiro en el corazón.

Tres años más tarde, en 1918, a Fritz Haber le fue concedido el premio Nobel de química por la síntesis del amoníaco. En 1925 fue suscrito el Protocolo de Ginebra, en el que se prohíbe, a raíz del exterminio en Flandes, el uso de armas químicas o bacteriológicas.

Entre otros hitos bélicos existentes, señalemos que en Vietnam, entre 1964 y 1975, a las armas convencionales se sumaron las químicas; ocurriendo lo mismo en la guerra de Siria del presente. Clara Immerwahr se suicidó a los 45 años de edad. Demasiado corazón para soportar las atrocidades de nuestro mundo.

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