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Hank facilita a Pablo a realizar la compra, ayuda a los fisioterapeutas a mejorar las sesiones de rehabilitación y contribuye a corregir los patrones de movimiento de pacientes que han sufrido un ictus. Pero lo más asombroso de todo es que Hank es un robot exoesqueleto diseñado por un equipo de investigación del Instituto Cajal del CSIC conjuntamente con el Hospital Nacional de Parapléjicos, comercializada por la firma vasca Gogoa Mobility Robots.

Pablo, un paciente de ictus que después de cientos de sesiones de rehabilitación se decidió a probar la eficacia de Hank, asegura el funcionamiento de dicho exoesqueleto, destacando en Euronews que antes “si tenía que dar varias vueltas, y dejaba el coche lejos, pues me lo pensaba e igual no las realizaba, me volvía a casa. Eso ya no se produce.”

El robot, equipado con 6 motores y un software específico, se ajusta a la movilidad del paciente y puede personalizar ángulos y patrones de movimiento para adaptarse a sus necesidades, activando las articulaciones de cadera, rodillas y tobillos. De este modo, tal como afirman los investigadores, los pacientes pueden interiorizar patrones de movimiento  de una forma más eficaz, “asegurando la repetitividad y una medida más precisa”, tal como explica el ingeniero biomédico Iker Mariñelarena Arrizabalaga en Euronews.

En estos momentos, el equipo de ingenieros está trabajando para perfeccionar este prototipo, añadiendo un control por voz que le permitirá obedecer órdenes directas. De este modo, Hank, cuyo nombre deriva del euskera Hankak (piernas), podrá llegar a comercializarse en hospitales y centros sanitarios, facilitando la rehabilitación y recuperación de pacientes que han sufrido enfermedades cardiovasculares y medulares.

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