Una aplicación de la inteligencia artificial servirá para filtrar contenidos inapropiados para los niños que navegan por internet. No adolescentes y jóvenes sino niños, niños muy pequeños que ya disponen de pantallas varias. Se da por sentado, pues, que cada vez son más los chiquillos que desde una tierna edad se divierten digitalmente.

¿Por dónde andan los libros de cuentos con los que, pocos años atrás, se entretenían los niños y niñas? Los troquelados eran paradigmáticos para los más pequeños, luego ya venían los que contenían más letras, y más tarde, las narraciones más largas de aventuras y fantasía.

Actualmente, ya no se ven criaturas con un cuento en la mano. Incluso muchas de las que todavía van en cochecito tienen su móvil o tableta y no apartan los ojos de la pantalla. Semejante cambio, ¿es bueno o es nocivo? Para la vista parece irrefutable que es perjudicial, según los oftalmólogos, ¿pero lo es también para el desarrollo mental y personal?

A los progenitores que dotan a sus retoños con este tipo de juguete, sin duda ambos aspectos les tienen sin cuidado, dado que ellos mismos se nutren de tamaña fuente. Constituyen ya el nuevo y mayoritario espécimen humano. A los estudiosos sociales, médicos o filosóficos sí les importa, aunque ninguna de estas disciplinas puede conjeturar el futuro que le espera a una Humanidad compuesta por seres mentalmente distintos de los anteriores.

¿Es más conveniente para los niños leer cuentos que jugar virtualmente? ¿Serán hombres y mujeres más completos, menos manipulables, más reflexivos quienes hayan bebido lentamente de las hojas de un libro que quienes hayan pasado veloces de una pantalla a otra? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Lo único indudable es que las personas de las próximas generaciones serán diferentes.

 

 

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