Los franceses y francesas que cumplan 16 años llevarán a cabo, durante un mes, un servicio civil obligatorio. Será a partir de 2019, ocupará parte de sus vacaciones escolares y se realizará bajo el epígrafe de Servicio Nacional Universal (SNU). El Presidente francés, Emmanuel Macron, especifica que en absoluto se trata de un servicio militar encubierto, sino que el objetivo es fomentar la cohesión social y a la vez evaluar tanto el grado de alfabetización como el estado de salud de los jóvenes. El servicio militar obligatorio fue abolido en Francia hace más de dos décadas, por lo cual su ejército es exclusivamente profesional.

La razón de ser de este SNU consiste, según sus impulsores, con Macron al frente, en promover la interacción entre diferentes clases sociales y entre diversas regiones del país. Algo similar al resultado que se atribuía al servicio militar obligatorio, pero ahora sin armas de por medio. A tales efectos, el SNU constará de dos períodos de quince días cada uno. Durante el primero, una convivencia colectiva contribuirá a la pretendida integración social, mientras que la siguiente etapa tendrá un carácter más individualizado, de forma que los jóvenes podrán elegir el sector en que deseen servir. Medio ambiente, voluntariado social, etc.

Plausibles propósitos, en principio, si bien inducen a formular algunas objeciones. ¿La labor de formación e integración social no está arrogada a la escuela, a la enseñanza pública en concreto? ¿Acaso la SNU aparece porque aquella no cumple debidamente sus funciones? Y aún otra observación. ¿Cuánto costará al Estado el alojamiento y la manutención de los miles de jóvenes a reclutar? Quizás venga a suceder que para el mantenimiento del recién inventado Servicio Nacional Universal se escatime todavía más la aportación a la enseñanza pública universal.

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