Las fuentes consultadas por DF destacan el papel que las estructuras de poder universitario han tenido en la impunidad de los acosadores y en los ataques a sus víctimas. Uno de los casos más claros es el de H, que tenía un cargo universitario que servía como trampolín para lo que más le interesaba: lograr un muy alto puesto en la política. Entre quienes defendían su misma opción ideológica, ella fue la elegida para las tertulias de radio y televisión debido a que tenía un cargo que proporcionaba imagen intelectual. Anteriormente había mostrado públicamente incluso admiración por el grupo de investigación que había roto el silencio mientras que ella no se había atrevido a hacerlo durante muchos años. Sin embargo, había ganado ese cargo por muy poca diferencia de votos y pensó que solo podía mantenerlo liderando el ataque a las víctimas y protegiendo así a quienes ellas denunciaban. 

Cuando le llegó la primera denuncia con registro de entrada, valoró qué convenía más a su ambición política, si ponerse de parte de las víctimas o del agresor. Si atacaba a las víctimas estaba segura de mantener el cargo todo el tiempo permitido por la normativa universitaria, pero esa opción tenía el peligro de que, si llegaba a conocerse públicamente lo que había hecho, vería en el futuro limitadas las posiciones políticas a las que podía llegar. Si, por el contrario, tiraba adelante la denuncia defendiendo a las víctimas, estaba segura de que no volvería a ganar las elecciones para continuar en su cargo universitario y desaparecería su trampolín para avanzar así hacia las posiciones políticas que deseaba lograr. En esos días, la Directora de la Oficina contra el acoso sexual de Harvard dijo delante de ella que profesorado o estudiantado que no se pronunciara claramente a favor de las víctimas no tendría nada que hacer en la política. Sin embargo, ella prefirió seguir otros consejos que dijeron que nuestro contexto era muy diferente a Harvard y que aquí podía atacar a las víctimas de forma que nadie las creyera.

Poco a poco iba viendo más difícil su situación. Una estudiante decidió romper el silencio sobre el acoso de un catedrático famoso por sus comportamientos. La prensa difundió que el informe de la fiscalía incluía que H ya había oído sobre esos acosos desde cuando ella era estudiante. Un alto cargo político dijo a la prensa: si lo sabía, por qué no hizo nada. Vio ya un peligro inminente cuando el citado catedrático decidió reintegrarse a su puesto en la universidad y el estudiantado inició una masiva campaña de firmas para impedir sus acosos. Fue justo en ese mismo momento cuando periodistas que promocionaban a H en los medios lanzaron un cruel linchamiento contra las víctimas basado en las mentiras de, entre otros, los cuatro personajes descritos desde Omertá 6 a Omertá 9.

Cada vez hay más personajes políticos que no quieren mezclarse con ella por escandalizarse ante la postura que tomó y porque saben que, cuanto más tiempo pase, más se sabrá toda la verdad y más rechazará la ciudadanía ese tipo de comportamientos, lo cual tendrá un creciente coste electoral. Podrá lograr a corto plazo algunas posiciones políticas, pero nunca las que ambicionaba, a medio y largo plazo ni siquiera eso, porque el movimiento de mujeres, el feminismo y el rechazo de la ciudadanía a los acosadores y sus cómplices está ya creciendo muy rápidamente.

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